La cantera de Apa Apa vuelve a dar en el clavo. Paula Guerrero publica su primera novela gráfica, ‘Sedienta’, un cómic vampírico que ya suena como uno de los títulos del año en el panorama nacional e internacional.

Guerrero no llega de la nada. Antes de este debut largo venían los fanzines autopublicados: ‘Vamp’, ‘El año del vampiro’, ‘Maldita sabandija’. Trabajos donde ya orbitaban los mismos personajes y la misma pulsión transgresora que ahora estalla con más ambición y más páginas.
Lo que hace Paula Guerrero en ‘Sedienta’ es mezclar referencias que, sobre el papel, no deberían funcionar juntas. Los diálogos incómodos de Simon Hanselmann. El Jacques Rivette de principios de los setenta. El body horror de David Cronenberg, con guiños directos a ‘Videodrome’ que no son casuales. Todo filtrado por un trazo naif que no busca suavizar nada, sino todo lo contrario: hace que lo siniestro resulte más perturbador.
La protagonista es una vampira atrapada para siempre en un cuerpo de treintañera. Su misión: encontrar a su amiga Elis. Esa búsqueda es el hilo conductor de una historia que avanza a base de giros argumentales constantes y capítulos diferenciados por colores. El resultado tiene una dimensión onírica que convierte cada página en algo difícil de soltar.
Hay un referente que importa para entender el lugar que ocupa ‘Sedienta’. Joan Sfar capturó el alma del vampiro y llegó a trasladarla a una versión infantil del monstruo. Guerrero hace otra cosa. Sus criaturas no se edulcoran. Su naturaleza maligna está ahí, expuesta, sin filtro ni concesiones. Es liturgia vampírica recontextualizada con mala leche y un pulso visual que no se parece a casi nada de lo que se publica ahora mismo.
Apa Apa lleva años funcionando como una de las editoriales más certeras del cómic independiente en España. Hace dos años fue Pepa Prieto Puy. Ahora es Paula Guerrero. El patrón se repite: autoras con una voz gráfica propia que llegan con un primer trabajo y dejan claro que hay mucho más por venir.
‘Sedienta’ no es solo el debut de una autora a vigilar. Es también una prueba más de que las autoras de cómic españolas están viviendo un momento extraordinario. Una generación que coincide en el tiempo y que está redefiniendo lo que puede ser una novela gráfica hecha desde aquí. Guerrero acaba de plantar su firma en ese mapa. Y lo ha hecho con un artefacto contracultural que no pide permiso a nadie.



