‘Alegría’: Anni B Sweet convierte su ruptura en el disco más luminoso de su carrera

Anni B Sweet publica ‘Alegría’, su primer álbum en solitario en siete años. Un disco que nace del desgarro sentimental pero suena a bossa nova, psicodelia sesentera y ganas de vivir.

La coincidencia tiene mala leche. Anni B Sweet y Lori Meyers publican disco el mismo día, con la misma temática de ruptura y un pie metido en la psicodelia de los 60. Pero las direcciones son opuestas. La artista malagueña asentada en Madrid ha elegido el camino de la luz. Vende alegría. Y suena a ello.

Ana Fabiola López Rodríguez no esconde que viene de un lugar oscuro. «Si le pasa otro tráiler por encima así, no lo cuenta», ha llegado a decir. Habla de una relación en Granada que fue «bastante bien» y de un después que define como «un caos». No da más detalles. No los necesita.

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El disco arranca con ‘Adiós con alegría’, apelando a «lo mejor que te ha pasado en la vida». Ahí la cantante habla de un «pasado distorsionado» y distorsiona literalmente la grabación de la palabra «de». Un gesto mínimo, absurdo, que funciona como uno de los momentos más divertidos de toda su discografía.

‘No le encuentro la gracia’ es el otro gran single. Una canción escrita desde el desengaño —«ya no le encuentro la gracia a perder por ti la cabeza»— que con una producción meticulosa consigue transmitir exactamente lo contrario a lo que cuenta. Los arreglos rozan lo exultante. Ahí podrían asomarse las sombras de Augusto Algueró, Juan Carlos Calderón o Rafael Trabucchelli.

La primera mitad del álbum es impecable. ‘Nada grave’ apuesta por un mensaje de paz y soluciones. ‘Amor’ se desmelena en un minuto final marcado por tarareos, guiños a bandas sonoras de los 60 y la Motown de unas Supremes. Pura euforia controlada.

La segunda mitad baja un escalón. ‘Llévame al sur’ —«que he perdido el norte»— es una broma que pierde gracia con las escuchas. ‘Un buen trato’ se queda demasiado corta. Las colaboraciones de Santiago Auserón en ‘Todo está bien’ y Tulsa en ‘En mi olvido’ no terminan de aportar más allá de la anécdota, aunque esta última tiene un guiño a ‘Twin Peaks’ y una intención clara de no callarse nada.

Las referencias son explícitas y generosas: Miguel Ríos, Juan Perro, los Zombies, Lole y Manuel. Pero el fantasma que más pesa sobre ‘Alegría’ es el de Sara Montiel. De ‘Fumando espero’ a ‘Bailando espero’. La producción, trabajada junto a su colaborador habitual James Bagshaw, cuida cada detalle con obsesión.

Anni B Sweet dice haberse quedado como nueva con este disco. Se la cree. ‘Alegría’ no evita el conflicto ni los puntos bajos, pero se niega a quedarse en ellos. Es un álbum que enseña a curar las penas con música. Y eso, después de siete años de silencio, no es poca cosa.

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