My Chemical Romance convirtió el recinto del MadCool en una misa negra a cielo abierto el pasado sábado 18 de julio. Gerard Way y los suyos tocaron ‘The Black Parade’ de principio a fin, lo rodearon de fuego, vísceras falsas y teatralidad desbordante, y remataron la noche con un puñado de clásicos que dejaron las praderas del Iberdrola Music temblando.

La infraestructura del MadCool se reaprovechó para dar cabida a un cabeza de cartel que habría llenado él solo. Y así fue. Miles de personas vestidas de negro, con maquillaje de guerra, y algún despistado que no recibió el memo del código de vestimenta, cubrieron cada rincón del recinto.
La puesta en escena no dejó margen a la tibieza. Uniformes elegantes, maquillaje de ultratumba, un ojo gigante vigilando al público desde el escenario. Los primeros rasgueos de guitarra abrieron un espectáculo concebido como ritual. La banda entró en la piel del Paciente y su tránsito al Más Allá, y a partir de ahí todo fue liturgia emo con pirotecnia.
Pero el sonido jugó en contra al principio. ‘The End’ y ‘Sharpest Lives’ sonaron por debajo de lo que pedían. Dos temas que necesitan pegarte en el pecho desde el primer segundo y que llegaron sin la fuerza suficiente. Un arranque frío para una banda que vive de la intensidad.
Todo cambió con ‘The Black Parade’. El himno. La canción que justificaba la entrada. Cuando sonaron los primeros acordes, el público tomó el control y las voces se fundieron en un solo cántico. Ahí dejó de importar el equipo de sonido. Lo que se escuchaba era otra cosa: miles de personas rindiendo tributo a la banda que les acompañó mientras crecían.
A partir de ese punto, con el sonido ya ajustado, fue temazo tras temazo sin tregua. El cierre de la primera parte llegó envuelto en llamas con ‘Famous Last Words’. El escenario parecía a punto de ceder ante el volumen y el fuego. Puro exceso. Puro My Chemical Romance.
Entonces llegó el giro. Un breve descanso y los técnicos montaron un segundo escenario entre el público. La banda reapareció sobre las cabezas de los fans para una segunda mitad completamente distinta. Menos teatro, más rock desnudo. Más calle. Costó otro par de temas afinar el sonido en la nueva ubicación, pero cuando cayó ‘Na Na Na’ toda la estepa del Iberdrola Music retumbó con los saltos del público. Imposible quedarse quieto.
Con los ánimos ya desbocados, la recta final fue un aluvión. ‘The World is Ugly’ para el nudo en la garganta. Un inesperado ‘Zero Percent’ que pilló a más de uno fuera de juego. Y para cerrar, la única despedida posible: ‘Helena’. La canción que lo empezó todo para tantos. El broche perfecto para una gira que ha estallado en el corazón de mucha gente.
El concierto tuvo sus fallos. Los problemas de sonido al inicio y en el cambio de escenario restaron impacto a varios temas que merecían más. No es un detalle menor cuando hablamos de canciones que funcionan a base de pegada inmediata. Pero lo que Gerard Way y su banda dejaron claro en Madrid es que siguen siendo importantes. Quizás no tanto en la escena musical de 2026, pero sí dentro de quienes encontraron en sus canciones consuelo, risas, tristeza y esperanza mientras intentaban entender el mundo. Eso no caduca.


