Biffy Clyro convirtieron una Plaza Mayor del Poble Espanyol a medio aforo en algo que se sintió como un estadio. Más de treinta y cinco grados, sudor, gargantas rotas y un trío escocés que salió a arrasar desde el primer acorde.

Abrieron con «The Captain» y «That Golden Rule», replicando el arranque de su mítico ‘Only Revolutions’. Declaración de intenciones en toda regla. No hizo falta esperar al verso «Somebody help me sing» para que el público cantara cada palabra. Cada una.
«Let’s love death away», repitió Simon Neil al cerrar la pieza inaugural. Y a eso se entregó la audiencia con «Who’s Got a Match», de ‘Puzzle’, y su estribillo convertido en mantra colectivo: «I’m a fire and I’ll burn burn burn tonight». El fuego, figurado y casi literal, se pegaba a la piel con esa temperatura.
Desde ahí, el grupo recorrió su discografía desplegando esa amalgama tan suya. Rock alternativo, pop, post-grunge, progresivo. De la crudeza de Nirvana a los coros de Queen, de las guitarras pesadas del metal a las baladas más desnudas. Un estilo de estilos que, a estas alturas, sigue sonando fresco.
La banda ha atravesado una de sus crisis personales y creativas más profundas. El bache se ha llevado por delante, al menos en directo, al bajista James Johnston. Pero ha dejado algo valioso: ‘Futique’, su último disco, del que sonaron «A Little Love», «Goodbye» y una vigorosa «Hunting Season». Podrían haber caído muchas más. El álbum transpira experiencia y euforia a partes iguales.
La formación ampliada incluyó al guitarrista Mike Vennart (Oceansize) y a la bajista Naomi Macleod, ambos rescatados de Empire State Bastard, el proyecto paralelo de Neil, más dos violinistas. Sonaron compenetrados, sí, pero algo estáticos. Solo Simon se movía como si le fuera la vida. Ese formato mayor restó una pizca de la magia salvaje que siempre tuvo su alineación como trío. Objeción menor, pero objeción.
Para el clímax guardaron el arsenal pesado. «Mountains», «Wolves of Winter», las emotivas «Bubbles» y «Many of Horror». Vello de punta en un recinto que llevaba horas hirviendo. Antes habían dejado claro que no conocen las convenciones con «Living Is a Problem Because Everything Dies» y la voluble «Cop Syrup».
Y al final, la frase que lo cerró todo: «We are Biffy fucking Clyro». A estas alturas, sobran las presentaciones. Lo que no sobra es verlos en directo cada vez que se pueda.


