Los Acebos debutan con ’23’, un disco que nació en un local enano y acabó siendo una declaración de intenciones

Alberto Rodríguez arrancó Los Acebos en 2023 sin plan, sin equipo y sin experiencia. Tres años después publica ’23’, una ópera prima que condensa todo lo aprendido en el camino y que suena a banda de verdad.

El proyecto nació como pura curiosidad. Un tío con ganas de componer, un local de ensayo y grabaciones caseras en modo DIY. «La cosa se fue calentando, una cosa llevó a la otra y aquí estamos», resume Rodríguez. Lo que empezó como algo sin pretensiones fue tomando forma cuando decidió rodearse de otros músicos. Cada integrante aporta su carácter, su manera de tocar. Aunque la dirección y las decisiones siguen siendo suyas, insiste en que son una banda real.

El camino hasta aquí tiene su propia historia de crecimiento. Al principio, Rodríguez hacía de todo: booker, agencia de prensa, pagaba estudio, promo en redes y videoclips de su bolsillo. El salto llegó al incorporarse a Esmerarte. «Todo eso que yo hacía mal ahora lo hace un equipo increíble». Hoy compone y produce junto a Juande, y cuando el tema está cerrado entran al estudio. Los conciertos se preparan entre todos en el local de ensayo.

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’23’ no es un disco hecho deprisa. Las canciones han tenido tiempo para crecer, y eso se nota. «Es el resumen perfecto de lo que hemos sido hasta ahora y se puede ver toda la evolución», explica. Reconoce que cuando grabó las primeras canciones no tenía ningún tipo de experiencia. Producir con Juande ha sido clave: «Ha respetado la idea que nació en aquel local enano, pero con el sonido y la esencia que hoy en día presiden Los Acebos».

Lo que hay dentro del disco es un desnudo emocional considerable. La primera parte habla de hartazgo: del curro, de las apariencias, de amistades que resultaron no serlo. «Me oprimía el conformismo y el estar en determinados sitios porque supuestamente es lo que toca». La otra cara mira hacia delante. Soñar, arriesgar, salir de la zona de confort. Un disco con dos caras que se complementan.

Para Rodríguez hay una regla que no se negocia. Cada canción tiene que tener sentimiento y decir la verdad. «Me tengo que emocionar cantándola en directo». No se sienta a componer buscando un sonido concreto. Si está triste, coge la guitarra. Si está emocionado, coge la guitarra. «Cuento las historias que me pasan, que pueden ser las mismas que le suceden a cualquier persona normal y corriente como yo».

El título del álbum no es caprichoso. El número 23 ha marcado su vida en momentos clave. A los 23 eligió su profesión actual, casi por azar. En 2023 empezó todo esto. «Creo que había que darle el lugar que le tocaba en este álbum». Sobre las expectativas, confiesa que al principio vivía pegado al Spotify For Artists. Ahora el foco está en otro sitio. «Lo que a priori me ponía triste porque era una ventana pequeñita que se cerraba, acababa en una puerta que se abría».

Su definición de éxito lo dice todo sobre de dónde viene y hacia dónde quiere ir: «El éxito para mí es levantarme un lunes o un miércoles pensando en música, que es lo que marca mi mundo interior. Mi sueño sería poder pensar solo en eso todos los días».

En directo, la formación asturiana promete sudor. «Arrancábamos a la gente a bailar y cantar. Daba un poco igual que nos conocieran o no». Habrá más fechas. Ellos mismos avisan: lo que viene es mucho. Un debut que huele a punto de partida, no a punto final.

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