Lecocq presenta ‘Sucre’, un álbum que empieza de día y acaba de noche

Enric Font, el ingeniero ampurdanés que compone bajo el nombre de Lecocq, publica su segundo disco en solitario. ‘Sucre’ es pop de autor con pulsión bailable, influencias que van de Phoenix a LCD Soundsystem, y un concepto que atraviesa todo el tracklist: cómo el adolescente que fuimos acaba modelando al adulto que somos.

Font vive en Barcelona pero compone en La Bisbal de l’Empordà. Lo tiene claro. «Me inspira mucho más un entorno natural que no el día a día en la ciudad. Aquí es como vivir perpetuamente en un Blue Monday. En el pueblo hay algo intangible mucho más genuino». Y si alguien puede hablar del campo sin romantizarlo, es él. Creció segando dieciséis o diecisiete horas diarias cada verano mientras sus amigos se iban a la piscina. Ahora está rehabilitando una casa familiar del 1700 donde quiere plantar olivares y viñedos.

La Bisbal no es un pueblo cualquiera para la música catalana. De ahí han salido Mazoni, Sanjosex, The Gramophone AllStars, Fetus y b1n0. Enric bebió de ese caldo, aunque su primer contacto con la música vino de Francia, de la familia de su madre. Un tío suyo, pianista, llegó a tocar con Édith Piaf. Su primer proyecto fue Medusa Box, banda con la que grabó discos como ‘I Love Astronomy’ y con la que pretendía ser nuestro Julian Casablancas. Casi le conoce, de hecho. Estaba en Estados Unidos con sus amigos de Cala Vento cuando las Hinds les avisaron de un after en el que estaría Casablancas. Llevaba veintiocho horas sin dormir. Se fue a la cama.

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Medusa Box se acabó. En 2024 debutó en solitario con ‘Sous la Glace/Sota el Gel’. Después llegó el EP ‘Volaille/Aviram’ en 2025. Y ahora, ‘Sucre’.

El disco nació en un retiro creativo en un pueblo del Pirineo. Allí pasó algo que todavía no sabe explicar. Llevaba veinticuatro horas seguidas componiendo cuando terminó ‘Nid d’oiseau’, un tema sobre pájaros. Al acabar la maqueta, sobre la libreta donde escribía las letras aparecieron dos plumas que él no había dejado. «Fue un momento muy paranoico. Recogí todo y me largué». Sigue sin saber cómo llegaron ahí.

Para producir ‘Sucre’ contó con Emili Bosch, antiguo compañero en Medusa Box y actual mitad de b1n0. Trabajaron a partir de una playlist compartida en la que destacaban los Daft Punk de ‘Random Access Memories’, Pharrell Williams con Nile Rodgers y varios temas de LCD Soundsystem. Ese sonido bailable, luminoso, cercano al Beck más funkoide, impregna la primera mitad del disco. Después todo se oscurece. Es intencionado. «Hay cierto concepto detrás del disco sobre lo costoso que a veces resulta adaptarse a la vida adulta con los compromisos que eso conlleva. Avanza con esa idea, de la euforia de cuando eres joven a las complicaciones que van apareciendo con el paso de los años». Como ya hizo en su debut, Lecocq combina catalán y francés en las letras.

Enric reconoce que le tira más la noche. Vivió una temporada en Estonia y disfrutó de aquellas noches casi infinitas en las que el sol apenas aparecía dos o tres horas. Eso también está dentro de ‘Sucre’. Un disco que arranca con la luz del mediodía y se apaga despacio.

El próximo 26 de septiembre estará en el recinto de la Fabra i Coats de Barcelona, dentro de la programación del BAM-Acció Cultura Viva. Buen sitio para comprobar si esas canciones funcionan igual cuando dejan de ser maquetas en una libreta con plumas misteriosas.

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