Silvana Estrada cerró su gira europea de casi tres meses en el Auditorio Paco Martín de Cartagena, dentro de La Mar de Músicas, justo la noche en que España ganaba el Mundial de fútbol. Lo que podía haber sido un desastre de atención se transformó en una de esas coincidencias que solo ocurren en directo.

Vestida de rojo pasión —no rojo selección, matiz importante—, apareció celebrativa, brindando por la vida y por el mar. Las canciones de ‘Vendrán suaves lluvias’ fueron cayendo sobre un auditorio que todavía humeaba cerca de la medianoche. Un repertorio atravesado por la pérdida, la memoria y la necesidad de aprender a despedirse. Nada fácil. La frase del día, según la propia noche.
El momento más eléctrico llegó con «Good Luck, Good Night». El concierto se detuvo al mismo tiempo que el reloj del estadio en Nueva York. «Hemos ganado», le gritaron desde el público. Y a partir de ahí, solo quedaba entregarse.
Hubo «Tregua» dentro y fuera del escenario. Silvana aconsejó cautela con las emociones a flor de piel, ese impulso de escribir «nada es lo mismo sin ti» cuando igual conviene dejarlo para mañana, con la cabeza fría. Bien lo sabe ella.
Entre fuegos artificiales que se colaban desde la lejanía sonó «Un rayo de luz». Un recordatorio de la anterior cita mundialista y de la pérdida que arrastró con la muerte de Jorge Tirado, músico y amigo inseparable asesinado junto a su hermano en 2022. Silvana habló del bloqueo creativo que sufrió después y del refugio que encontró en la casa residencia de Chavela Vargas, donde escribió un tema que en directo sigue estremeciendo.
Después llegó «Te guardo» y el bullicio externo se disipó. El público coreó «tengo tres caras posibles y tú me las quitas todas» de forma frágil, casi como si cantarla demasiado alto pudiera hacerla desaparecer. Esos silencios que no se fabrican.
Tocaba mirar «Al norte», poner rumbo a casa. Silvana se felicitó por haberse encontrado días antes con Juan Luis Guerra y Rubén Blades en Sevilla y dedicó ese «porque por ti me voy al Norte y por ti me voy al Sur» a toda la gente que se ha cruzado en el camino. Sobre todo a la familia que la acompaña en la carretera, los que están y los que ya no están.
Para esta gira incorporó «Aguacero de mayo» de Totó La Momposina, un homenaje a una de las mayores embajadoras de la cumbia y los ritmos afrocolombianos, fallecida precisamente en mayo. Todo lo que sucede alrededor de Silvana Estrada parece cobrar un significado. O por lo menos invita a buscarlo.
La jornada previa había dejado un hueco doloroso: María Arnal tuvo que cancelar su concierto de forma sobrevenida por un infortunio familiar. El Mundial amenazaba con enfangar lo que La Mar de Músicas siempre ha promovido, la unión cultural de los pueblos de Latinoamérica. Y sin embargo fue precisamente una artista mexicana la que rescató la noche de su propia inercia.
«Yo te di todo lo que tenía». Se despidieron desde el borde del escenario, como siempre a punto de saltar a otro precipicio. El de cada día, el de cada noche. Tenía que ser ella.


