OMD en Valencia: synth pop que no negocia con el tiempo

Andy McCluskey y Paul Humphreys llevaron su repertorio a la Marina Norte de Valencia el pasado 17 de julio, dentro del ciclo FAR, y dejaron claro que su estado de forma en directo no admite discusión.

No tienen la popularidad de Depeche Mode ni el aura de New Order. Tampoco la necesitan. Orchestral Manoeuvres in the Dark son otra cosa: el eslabón que conecta la génesis del pop electrónico con una emotividad melódica que sus contemporáneos tardaron años en encontrar. Y sobre un escenario, en 2026, eso se nota.

McCluskey, 67 años, no paró de moverse en toda la noche. Empuñando el bajo cuando tocaba, arengando al público en los momentos clave, ocupando cada metro del escenario como si tuviera treinta años menos. Un despliegue físico que contrasta con lo que ocurrió al día siguiente en Madrid, donde perdió la voz y Humphreys tuvo que tomar el timón vocal en varios temas. Valencia tuvo suerte.

‘Souvenir’, ‘Joan of Arc’, ‘Secret’, ‘Pandora’s Box’, ‘Enola Gay’. Canciones que nacieron hace más de cuatro décadas y que siguen sonando inoxidables. Ni rastro de obsolescencia. Ni un gramo de nostalgia forzada. Los discos guardan la impronta de los ochenta y los noventa, pero en directo esas canciones se sacuden el polvo del calendario y funcionan con una contundencia que ya quisieran actos mucho más jóvenes.

Antes de los británicos, los franceses Rinôçérôse abrieron la velada. Casi dos décadas sin pisar Valencia. Su fórmula de house con guitarras eléctricas fascinó a finales de los noventa, cuando el sello Elefant publicaba sus primeros discos y en directo se acompañaban de imágenes de tótems rupturistas como Stooges o Primal Scream. Temas como ‘La guitaristic house organisation’ o ‘Le mobilier’ siguen encendiendo al personal. Lo que hay alrededor, sin embargo, sigue pidiendo más sustancia. Dominan el envoltorio, pero la receta se ha vuelto repetitiva.

El contraste entre teloneros y cabezas de cartel dejó una lectura inevitable. Rinôçérôse fueron la apertura solvente de una noche que pertenecía a una banda que sí pasará a la historia como precursora. OMD no viven de la nostalgia. Envejecen como quien sabe exactamente lo que tiene entre manos y no necesita demostrarlo con aspavientos. Solo con canciones que resisten cualquier cosa.

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