Beire nace de un corazón roto. El nuevo proyecto de Iratxe Perez, voz y nervio de Chuleria, joder!, reúne a seis músicos de la escena vasca en un sexteto que convierte las heridas en canciones con estructura pop y rabia contenida.

No es un giro suave. Es un cambio de enfoque. Donde Chuleria, joder! cortaba con punk rock afilado, Beire lleva el dolor a otro lugar: del grito a la intimidad, de la descarga a la fragilidad. Sin soltar la rabia. Nunca sin la rabia.
El sexteto funciona como un auténtico supergrupo. Junto a Iratxe están Jon Gago (Uger), Jone Ibarretxe (Vulcanizadas), Lore Nekane Billelabeitia (Belako), Ander Uribarri (Orsini) y Kike Heredo (Ezezez). Seis trayectorias distintas que explican la amplitud de registros del disco.
La melancolía vertebra el proyecto, pero no lo ahoga. En menos de media hora, las canciones van de lo sombrío a lo luminoso con una naturalidad que delata el oficio del grupo. «Txikia» arranca pausada y oscura, y va creciendo con cambios de ritmo que le abren espacio. Es una evolución elegante que engancha desde el primer tema.
Y luego está «Galiza». Probablemente la canción que mejor define lo que Beire puede hacer. Tiene algo de mar y algo de desgarro. Es bailable y a la vez te parte por la mitad. Esa tensión entre lo que mueve el cuerpo y lo que remueve por dentro es territorio que pocos grupos transitan con tanta soltura.
Las letras no se esconden. Son oscuras, directas, pero no caen en el victimismo. Hay orgullo y dignidad en cada palabra. La artista de Santurtzi convierte el acto de compartir el drama en algo terapéutico. Y eso se nota. Iratxe Perez transmite una fuerza que sale de las entrañas, una pasión que contagia hambre al que escucha.
Beire no es un proyecto secundario ni un experimento entre giras. Es la prueba de que a veces hace falta romperse para encontrar otra forma de sonar.



