Adarretatik, el festival que Makala plantó en Zarautz, cumple nueve ediciones sin perder raíz

El Adarretatik Musika Jaialdia celebró su novena edición el pasado 2 de octubre en Zarautz, con conciertos repartidos por toda la ciudad y un cartel que mezcló el soul en euskera de Nhil, el rock alternativo de El Inquilino Comunista y la intensidad escénica de -GAILU.

Todo empezó en 2016, cuando el músico y DJ zarauztarra Mikel “Makala” se paró a mirar alrededor. Hondarribia Blues, Jazzaldia, Mundaka Festival. La costa vasca no paraba de generar citas musicales, pero Zarautz —con su playa, con su identidad— seguía sin tener la suya. Dos años después, junto a varios compañeros, fundó Enbor Akzio Kulturala Elkartea. Del tronco salieron las ramas. Literalmente: Adarretatik.

El festival no se ata a un solo escenario. Se expande por Zarautz como si fuera parte de su urbanismo. Musika Plaza, Marina-txiki, Surtidor Kafetegia, el Malecón. Cada concierto en un punto distinto. Las cuatro últimas ediciones, además, se trasladaron del verano al filo entre septiembre y octubre. Otro ritmo, otra luz.

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A las 18:30 del viernes, con una atmósfera otoñal que parecía sacada de una película de grano azul, Nhil abrió la jornada en la Musika Plaza. La banda de Aretxabaleta llegaba presentando su tercer disco, Etxea (2025), íntegramente en euskera. Con Sara Alonso al frente —voz y piano— y una formación que incluye sección de vientos, desplegaron su mezcla de soul, R&B, funk y pop de los 70 y 80. Arrancaron con la plácida «Hemen berriz» y fueron subiendo por «Bilatzen oreka», «Desio bat» o «Argialdia». Grupo en estado de gracia, sobre todo tras su paso por el Azkena Rock Festival.

En el Malecón tocaba El Inquilino Comunista. No estaban previstos. Víctor Coyote, figura de la escena underground madrileña de finales de los 70, era el nombre anunciado, pero su fallecimiento repentino a mediados de agosto de 2026 obligó a la organización a cambiar el cartel. Los getxotarras entraron a cubrir el hueco y lo hicieron sin contemplaciones. Desde «Brain Collapse» dejaron claro de dónde vienen: Pixies, Sonic Youth, el Getxo Sound que parió a Cancer Moon, Lord Sickness o Los Clavos. Los hermanos Álvaro y Santi Real de Asúa se repartieron voces y guitarras mientras el bajista Ricardo Andrade “Richi” se salía del escenario para meterse entre el público. «Echocord» y «Pastis 91», de su disco Bluff, trajeron melodía. «Domestic Lies» y «Wild Life» pusieron la vena punk. Y el cierre con «Charlotte Says» y «The Fall» olía al Detroit más sucio de los Stooges. Un espectador veterano del festival comentó que no recordaba un concierto con tanto público.

Después llegó -GAILU. Difícil encontrar un trío con más kilómetros en la escena vasca. Okene Abrego a la voz, con BAP!!, Inoren Ero Ni y Anari en su mochila. Mikel Abrego a la batería, curtido en Negu Gorriak. Hodei Esteban al bajo y contrabajo, procedente de Occhi Di Farfalla, Erantzun y Estricalla. Okene no se limita a cantar: recita, susurra, actúa, sentado frente a sus manuscritos como un poeta que ha decidido electrificarse. Abrieron con «Ego… te absolvo?» y «Nondik juko haizeak (Larrabil 2.)», de su último trabajo Bizi eta Ixo!!, y no aflojaron. Entre «Esazu», «Mongoloid» y «Bien Artean» metieron «Ategorrietako Sarraskiari», un homenaje a los siete trabajadores asesinados por la Guardia Civil en la masacre de Ategorrieta del 27 de mayo de 1931.

Nueve ediciones. Un festival que nació porque alguien miró su pueblo y vio lo que faltaba. Adarretatik sigue creciendo desde la raíz, pegado al suelo de Zarautz, sin necesidad de ser otra cosa.

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