Wendy James repasa la historia de Transvision Vamp disco a disco, habla del sexismo que marcó la industria de los ochenta y confirma un regreso a los escenarios que llega limpio de nostalgia.

La cantante de Transvision Vamp no tiene intención de idealizar lo que fue. Repasa cada uno de los tres álbumes de la banda con lucidez, sin barniz sentimental, y lo hace con una gira ya en el horizonte.
Sobre ‘Pop Art’ (1988), su debut, lo define como «pop futurista derivado de influencias clásicas del pop, el punk y el glam rock». The New York Dolls, Marc Bolan, The Stooges, The Velvet Underground y grupos femeninos como Martha and the Vandellas. Todo eso cruzado con ‘Blade Runner’ y Halo Jones, el cómic feminista. Para cuando pisaron el plató de ‘Top Of The Pops’, su imagen, su ética y su música ya estaban cerradas.
‘Velveteen’ (1989) fue el disco que lo cambió todo. Más sofisticado, con arreglos de cuerdas, y con un single, “Baby, I Don’t Care”, que se convirtió en éxito mundial. «Alcanzamos el número uno mundial», recuerda. La prensa avisaba de la maldición del segundo álbum. No fue su caso.
Con ‘Little Magnets Versus The Bubble Of Babble’ (1991), la cosa se torció. Ella y Nick Christian Sayer estaban evolucionando hacia nuevas influencias —Dr. John, fragmentos de películas—, y el resultado se convirtió en su mayor éxito de ventas en Estados Unidos. Pero el director del sello británico decidió que no le gustaba la dirección de la banda y retrasó el lanzamiento en Reino Unido. Mientras el resto del mundo recibía bien el disco, en casa se lo guardaban. Se separaron durante una gira americana, en San Diego, antes de que el álbum se publicase en su propio país. «Ahora está disponible en una caja recopilatoria publicada por un sello que pertenece a la BBC», apunta. «No tiene nada que ver conmigo, cedieron los derechos a Universal Music».
Ese mismo año protagonizó una portada de The Face que sacudió las cosas. Thierry Mugler puso la ropa, Jurgen Teller disparó la cámara, y el mundo de la moda lo celebró. La prensa musical la destrozó. «Periodistas, tanto hombres como mujeres, publicaban comentarios muy negativos y clichés sobre las artistas femeninas y elogiaban a los artistas masculinos más banales». El vendedor de periódicos de su barrio en Portobello Road empapeló su establecimiento con la portada. Huyó a Nueva York. En la cabina del avión, todos la leían. En Broadway, más de lo mismo.
El sexismo de la industria atraviesa toda la conversación. «Los medios eran completamente sexistas, con presentadores de televisión lascivos lanzando sus preguntas inapropiadas», reconoce. Pero insiste en que nunca se sintió intimidada. «Me sentí como una ganadora desde el principio. Estaba en una especie de pandilla de músicos para la que yo era la líder y que me trataban igual que al resto».
Sobre influencias, desmonta tópicos. Ni The Runaways ni nadie a quien intentara copiar. Debbie Harry era su referente y tenía discos de Blondie desde los diez años. Lo que de verdad le movía eran las voces femeninas puras: The Shangri-Las, Martha & The Vandellas. Y en el rock, adoraba a Elastica.
Transvision Vamp vuelve ahora a los escenarios con fechas de gira confirmadas. No hay discurso de vuelta triunfal ni lágrima fácil. Solo una banda que dejó marca en el cruce del pop, el punk y el glam, liderada por alguien que mira atrás con diversión pero sin echar nada de menos.



