El Mad Psych Fest juntó el sábado en el Wurlitzer Ballroom a dos bandas que parten de la psicodelia para llegar a lugares completamente distintos. Evolfo expandió el sonido con seis músicos. The Black Wizards lo comprimieron con tres. El resultado fue una de esas noches que justifican salir de casa en el Madrid de agosto.

La sala apenas alcanzó la mitad de aforo. Normal. La ciudad en agosto es territorio de turistas y persianas bajadas. Pero los que estuvieron vieron algo que no se improvisa: dos filosofías musicales enfrentadas bajo el mismo ciclo, organizado por Nooirax Producciones.
Evolfo abrieron la noche y necesitaron muy poco para convertir la estrechez del escenario en una ventaja. Seis músicos apretados en el Wurli, con un saxofón conectado a tantos pedales que cualquier guitarrista habría sentido envidia. Su música fue envolvente, por momentos misteriosa, pero sobre todo divertida. Groove, teclados, guitarras y la sensación de que cualquier canción podía desviarse del camino en cualquier segundo.
Matt Gibbs funcionó como cantante, guitarrista y maestro de ceremonias. Se quitó la guitarra en algún momento para ejercer de frontman puro, aunque pasó casi todo el concierto con ella colgada. Ahí está una de las claves del grupo: Gibbs tiene presencia de sobra para ser el centro, pero Evolfo funciona como colectivo. «Am I the Butterfly?» abrió un recorrido que pasó por «Rest Your Head», «Silver Dog», «Aquarian Blue» y piezas anteriores como «The Changer» o «Moon Eclipsed the Sun».
Su último disco, Of Love (2026), nacido de interminables sesiones de improvisación, parece el lugar al que siempre querían llegar. Garage, psych-soul, kosmische, funk, pop y jazz dejan de ser etiquetas para fundirse en algo coherente. Hasta el título tiene su miga: Evolfo no es más que «Of Love» escrito al revés. Más de una década después de bautizar al grupo, han usado el origen de su propio nombre para titular precisamente el disco en el que encuentran su identidad.
Y entonces llegaron The Black Wizards para recorrer el camino contrario. Donde Evolfo sumaron capas, los portugueses las arrancaron. Joana Brito a la guitarra y voz, José Gomes al bajo y coros, Helena Peixoto a la batería. Nada más. Una banda que construyó su trayectoria alrededor del heavy psych, el stoner y desarrollos que en discos como What The Fuzz! superaban los diez o dieciséis minutos, reducida ahora a su expresión más elemental.
No han renegado de nada. El stoner sigue en los riffs y la psicodelia permanece en su ADN. Pero encima han aparecido garage, punk y una tensión cortante que por momentos los acercaba al postpunk. Brito asume todo el territorio guitarrístico sin pretender que suenen dos guitarras donde solo hay una. Gomes evita ser un bajista condenado al ritmo, su instrumento tiene peso propio y sus intervenciones vocales establecen un diálogo con Brito que se ha convertido en una de las señas más interesantes de esta encarnación del grupo. Detrás, Peixoto, miembro fundacional junto a Brito, garantiza que tanta economía de medios nunca se confunda con falta de pegada.
«Killing the Buzz» dejó claro que la transformación está asentada. «Loose» anticipó el terreno de Force Majeure & The Acts of God, su nuevo álbum previsto para septiembre. No parece un disco más ni un regreso al uso. Es una declaración de principios disfrazada de pregunta: ¿hasta dónde puede llegar una banda entregada al minimalismo?
A juzgar por lo visto en el Wurlitzer, a donde les dé la gana. Evolfo encontraron libertad añadiendo capas. The Black Wizards, desprendiéndose de ellas. Quizá los padres de todo esto en los sesenta lo que querían era exactamente eso: no quedarse nunca en el mismo sitio.



