Sofía Comas abraza el cancionero mexicano en ‘Tecuán Caroca’, su disco más ambicioso

Sofía Comas publica ‘Tecuán Caroca’, un álbum grabado entre Madrid y Ciudad de México que cruza boleros, rancheras y son jarocho con su universo de cantautora. El disco, editado por Everlasting Records, ya está disponible en todas las plataformas y en vinilo desde el pasado 24 de abril.

Después de ‘El verano será eterno’ (2020) y ‘A un pájaro rojo’ (2023), la cantautora de origen español y canadiense cambia de mapa. Ya no mira hacia dentro buscando heridas que cerrar. Ahora mira hacia México. Y lo hace con todo el cuerpo.

El título lo explica bien. «Tecuán» significa jaguar. «Caroca» remite a la caricia. Fuerza y ternura en la misma palabra. La propia Sofía Comas lo define como «un canto al amor, para que no olvidemos que hemos venido al mundo a amar y a ser amados». Suena grande. Y el disco responde a esa ambición.

El álbum bebe de José Alfredo Jiménez, Juan Gabriel, Agustín Lara y Consuelo Velázquez. Pero no como ejercicio de imitación. Comas no pretende sonar a ranchera clásica ni a bolero de manual. Lo que hace es dejarse atravesar por esos lenguajes y filtrarlos con su propia voz. «La intención no es recrear ni emular estos géneros de manera ortodoxa, sino dialogar con sus formas de nombrar el amor, el deseo, la pérdida y la celebración», explica.

La producción tiene doble sede. Desde Madrid, Pau Vegas. Desde Ciudad de México, Rafa Durán. Una canción lleva la firma de la mexicana Tatiana Ditilenko, producida en la capital española. La mayoría de los músicos que suenan en el disco son de Ciudad de México, y el compositor Erick Garcés Ramírez, mexicano afincado en Madrid, coescribe varios temas. El cruce de orillas no es metáfora. Es el método.

Las colaboraciones tampoco son menores. Leiden, Sonex, Javiera Mena y Nacho Vegas aparecen en distintos cortes del álbum. Cuatro nombres que vienen de lugares muy distintos y que encajan en un disco pensado para que España y México se encuentren sin forzar nada.

Hay una anécdota que retrata el espíritu del proyecto. Para las canciones ‘El precipicio’ y ‘Canción popular’, Comas quería ese sonido de cantina viva, con gente brindando y jaleando al fondo. Así que montó su propia cantina improvisada en Madrid: invitó a varios amigos del colectivo Son Jarocho Madrid, les sirvió mezcal y los colocó alrededor de un micrófono. El resultado suena exactamente a lo que buscaba. Amistad, cancionero mexicano y la magia del mezcal.

La gira de presentación arrancó en México. Comas sentía que el disco había nacido allí y que tenía que estrenarlo en esa tierra antes de traerlo de vuelta. Ya de regreso, tiene citas marcadas: el 9 de julio en Zamora dentro del ciclo Ágoras, el 11 de julio en Los Veranos del Botánico en Parla, y una fecha especial el 2 de octubre en el Café Berlín de Madrid. Esa será la puesta de largo en casa.

‘Tecuán Caroca’ es el disco de alguien que ha dejado de buscar respuestas en su biografía para encontrarlas en una tradición musical ajena que, canción a canción, ha hecho completamente suya. Un jaguar que acaricia. Eso es lo que suena aquí.

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