La banda gallega Pablo y los Ciervos Dorados publica su primer álbum, ‘Vino’, ocho canciones de folk rock lento y expresivo editadas por el sello Humo Internacional.

El disco lleva años cocinándose. Pablo Corbillón escribió estos temas en un goteo largo, sin prisa, y los llevó al estudio Terraforma, donde Ibán Pérez se encargó de la producción. La premisa que guió las sesiones fue tan sencilla como difícil de cumplir: «a veces lo único que importa son las canciones». Nada de artificios. Nada de capas innecesarias.
El cuarteto lo completan Elena Corbillón, hermana de Pablo, Álex Otero y el teclista Rodrigo Cota, incorporación reciente al grupo. Juntos han construido un sonido que bebe del slowcore de Red House Painters, Lisa Germano, Slint o MJ Lenderman, pero que no se queda en la reverencia. Lo procesan, lo mastican y lo convierten en algo propio.
Las canciones de ‘Vino’ hablan de lo que pasa cuando no pasa nada extraordinario. Alcohol, pérdida, volver a casa, amor, la búsqueda de algo que ni siquiera sabes nombrar. Situaciones cotidianas que el grupo transforma en relatos con un peso emocional que no necesita gritar para hacerse notar. Costumbrismo con las tripas abiertas.
Que una banda gallega arranque desde un folk rock impulsivo y lo cruce con referentes como Slint o MJ Lenderman dice bastante de por dónde van los tiros. No es un sonido habitual en el panorama español. Es raro encontrar algo así, y precisamente por eso merece atención.
Pablo y los Ciervos Dorados tocarán en directo por primera vez el viernes 18 en la Sala Kominsky de Vigo. Un debut en formato concierto para una banda que ya tiene disco, referencias claras y una manera propia de contar lo pequeño como si fuera enorme.



