MUWI cumple diez años y expande su mapa sonoro en Logroño

La décima edición del MUWI La Rioja Music Fest ha consolidado lo que llevaba tiempo gestándose: un festival urbano con identidad propia que atrae a la mitad de su público desde fuera de La Rioja y que este año dio el salto a cuatro escenarios distintos.

Logroño volvió a convertirse en punto de encuentro. Pero esta edición trajo novedades de peso. La organización diversificó espacios e incorporó el Escenario Parque, rodeado de naturaleza, donde Casapalma y Jiménez con Jota reivindicaron el folclore contemporáneo con una delicadeza que sirvió de antesala perfecta para los conciertos del escenario principal.

El Escenario Rayo Olarra repitió en el frontón del Revellín con su formato inspirado en Boiler Room: escenario en el centro, público alrededor. Una isla de electrónica que funcionó en paralelo a los conciertos grandes. Dad is bad, Edu Anmu, Yahaira y Lazy Sunday mantuvieron al personal enganchado con sets de tres horas. Vinila von Bismark el viernes y David Van Bylen el sábado cerraron con propuestas más eclécticas.

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La jornada inaugural fue para el talento riojano. Eba al Desnudo abrió con su pop-rock elegante. Norwen, el proyecto de Alberto Ortiz que mezcla country, folk americano y letras bilingües, conquistó con temas como “Llorica” y una versión de “Kiss me” de Sixpence None the Richer. Eh, Mertxe!, recién salidos de publicar su álbum ‘Reza al Pop’, cerraron la noche con energía.

El viernes se desplegó todo. Queralt Lahoz inauguró el escenario principal con su mezcla de bolero, rap, flamenco y bachata. Detalle bonito: al detectar público infantil en primera fila, omitió las palabras malsonantes de “Favorosa”. Cerró con la fuerza arrolladora de “La Fe”.

Después, E.T.S. convirtieron el recinto en pista de baile. Su ska-rock frenético incluyó “Guretzat”, con toques flamencos y reguetoneros, y “Gu geu garena”, donde combinaron trikitixa tradicional con samples dance. Su presencia responde a la apuesta de MUWI por bandas en euskera, atrayendo público navarro y vasco e inyectando las tendencias musicales de Euskadi al resto de asistentes.

Sidonie demostraron veteranía sin trucos. Sin ritmos pregrabados, sin cartón. Desde “El Incendio” hasta “Estáis aquí”, pasando por la crudeza de “Garganta” y “Mierda” y los himnos generacionales “Fascinado” y “Carreteras infinitas”. Puro directo orgánico.

Ginebras cerraron la noche del viernes con esa alegría que llevan de serie. “Alex Turner” coreada, “Las chicas en Berlín” con tintes electrónicos, la emotividad de “Gigantes” y el cierre inevitable con “La típica canción”. Logroño respondió.

Más allá de la música, el vino volvió a marcar diferencia. Catas, monólogos vitivinícolas y la alianza con Bodegas Olarra refuerzan una identidad que separa a MUWI del resto de festivales. No es un añadido. Es parte del ADN del evento.

También hubo gestos hacia el equilibrio con el entorno. La organización adoptó medidas acústicas para compatibilizar la potencia festivalera con el descanso vecinal. Un detalle que dice mucho de un festival que vive dentro de la ciudad, no aislado en un recinto a las afueras.

Diez ediciones después, MUWI ha encontrado su fórmula: escenarios que dialogan entre sí, programación que cruza géneros sin complejos y un formato urbano que convierte el centro de Logroño en algo que no se parece a ningún otro festival del norte.

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