Martin Urrutia ha publicado su debut en solitario con la complicidad de Hidrogenesse, un disco colaborativo que cruza dos miradas generacionales sobre crecer siendo queer. Estos días ha sumado además una sorpresa: el lanzamiento de “Cuando el sol bese a la luna”.

El proceso creativo fue, en palabras de Urrutia, familiar. «Hidrogenesse han sido como mis tíos», dice. Muchas charlas, mucha expresión, tres personas poniendo en común sus mundos: ellos desde sus cincuenta años, él con veintiuno.
El resultado es lo que llama «adolescencias cruzadas». Un primer proyecto en solitario en el que contar con ese apoyo fue imprescindible. «Es muy complicado empezar un proyecto solista», reconoce. Él aportaba anécdotas, ellos las suyas. «Yo he entrado mucho en ellos, y ellos han entrado mucho en mí».
Las letras parten de sus experiencias, pero el cruce con las vivencias de Hidrogenesse les da una dimensión distinta. Hay una frase en el disco que lo resume mejor que cualquier explicación: «La mirada de un chico en la playa / se me queda grabada en la cabeza / y no sé si es pregunta o respuesta».
Urrutia la conecta con ese momento en que empiezas a tener los primeros contactos con tu sexualidad. Las dudas, los pensamientos cruzados. «¿Esto es real? ¿Esto es la respuesta a todo lo que ya estoy yo dándole vueltas?».
Lo que diferencia a este disco de otros ejercicios de nostalgia es el tono. No hay sarcasmo al mirar atrás. Hay ternura. «Le tengo mucho cariño a mi vida», dice. «Atesoro mucho mi crecimiento. Por alguna razón que no acabo de encontrar, veo mucho lo bonito en todo lo que he ido viviendo».
Describe un ejercicio concreto: revivir momentos del pasado y expresarlos desde el presente. Reflexionar sobre cómo pensaba cuando era más pequeño y cómo piensa ahora. No es nostalgia edulcorada. Es abrazarte.
Recuerda sus días de primaria como una película. El grupo, las toxicidades, la intensidad. Dice que hay algo en la adolescencia que marca todo con mucha fuerza, y que el ejercicio valioso cuando eres adulto es mantener esa intensidad fresca y plasmarla. No olvidarla.
Cuando le preguntan si sabe quién es, la respuesta es honesta: «Creo que voy en camino». En las últimas semanas algo ha cambiado. Ha leído mucho este año: ensayos, libros artísticos, textos de autores y productores.
Menciona un libro de Raúl Refree sobre metodología de composición que le dejó marca. «Me ha estado desbloqueando ideas, miradas y perspectivas», cuenta. Todo eso le ha despertado. «Cuando me viene la inspiración, siento que puedo comerme el mundo».
También es actor y un consumidor voraz de ficción. Lleva cuatro años suscrito a Filmin y dice que una de sus series favoritas es ‘We Are Who We Are’, de Guadagnino. Hubo una temporada en la que la plataforma fue «bastante refugio».
Tiene veintiún años, un disco hecho con dos cómplices de otra generación y una manera de mirar hacia atrás que no tiene prisa por cerrarse. Le preguntan si le falta algo por conocer de sí mismo. Dice que sí. Y que eso está bien.



