Beñat Rodrigo, el músico navarro detrás de Kiliki, habla de su obsesión por TikTok con la misma honestidad bruta que pone en sus canciones. Spoiler: no hace trends, pero los devora.

El ex miembro de Chill Mafia —el colectivo que sacudió la escena urbana en euskera antes de disolverse con disco y gira bajo el brazo— anda ahora metido en una carrera en solitario que mezcla electrónica, dub, reggae, punk y folklore vasco. Su debut, ‘ILTZE 1’, contó con la coproducción de Sunny Wright 4th y colaboraciones de Nueve Desconocidos y Xabi Esparza. Pero hoy no toca hablar de música. Toca hablar de internet.
En una entrevista enmarcada en la sección Meister of the Week, comisariada por Jägermeister, Kiliki elige los trends de TikTok como tema. Su motivo es tan simple como desarmante: «Tengo el cerebro completamente frito y me gusta».
Lo primero que deja claro es que él no sigue trends. No le interesan. Lo que le fascina es otra cosa: «La gracia de TikTok hoy por hoy es cómo se crea contenido mucho más allá de los bailecitos creados por influencers, que ojalá sea verdad que están en caída». Para él, la aplicación se ha convertido en un sitio donde «abundan lo que antes serían frikis en Crónicas Marcianas». Y eso le parece bien. Muy bien.
Su trend favorito del último año tiene un punto entre lo tierno y lo perturbador: «Cualquiera hecho por personas boomers con una canción hecha con IA. Es como que los boomers han salido de Facebook y, al encontrar TikTok, ha ocurrido algo entre entrañable y creepy». Difícil discutirle eso.
Donde Kiliki se pone más honesto es al hablar de cómo TikTok le ha hecho tragarse sus propios prejuicios. Reconoce que su «ánimo de quinceañero de mierda por ser diferente» le ha llevado muchas veces a pensar que descubrir una canción por TikTok era de
gilipollas. Hasta que llega la fiesta, el DJ la pincha y toca rectificar: «Hostia, sí, en verdad es un tema de puta madre».
Pero el arma de doble filo también está ahí. Dice que hay artistas tan pesados con la promo de sus singles que, para cuando sale la canción, ya no quiere oír ni hablar de ella. «Está muy bien que la peña se sepa tu hook antes de que salga el tema, pero tienes riesgo de ser tan pesao que la peña pase de ti o que, de toda una canción, la gente conozca solo esos 15 segundos».
Sobre la viralidad de sus propias canciones, Kiliki se desmarca de cualquier intento de control. Le parecería «súper soberbio» decidir qué tiene que hacer la gente con su música. Lo que sí tiene claro es la línea roja: «Está guapo cuando en internet la gente decide que algo mola. Cuando agencias de marketing manipulan el algoritmo para que tu canción se pegue, pues bastante menos».
¿Su trend inventado para una de sus canciones? «Meterse un dedo al culo y silbar». Sin más contexto. Sin más explicación. Kiliki puro.
Y si mañana solo pudiera salvar un trend para siempre, lo tiene clarísimo: el que saca clips de podcasts de criptobros hablando sobre alquilar casas y los convierte en edits con eurodance, fotos de Mao Tse-Tung y cifras de terratenientes masacrados. «No sé, igual solo me sale a mí. Mi algoritmo anda bien raro últimamente». El suyo y el de cualquiera que lleve suficiente tiempo en esa madriguera.
Un tipo que mezcla reggae con folklore vasco y que tiene a Mao y a los criptobros conviviendo en su feed. Kiliki no necesita hacer trends. Su cabeza ya es uno.



