José María Lluch publica ‘La Proyección’, un álbum construido a partir de grabaciones caseras registradas entre 2015 y 2024. El disco profundiza en el camino que abrió con ‘Lluch’ (2024) y consolida su archivo personal de experimentos como el centro de su trabajo creativo.

“Hay un lugar…Pienso en él…Me pongo contento”. Esa frase, repetida en loop como una especie de haiku, serpentea por uno de los temas del disco. Es difícil encontrar una descripción mejor de lo que provoca escucharlo.
La premisa es parecida a la de ‘Lluch’, su primera grabación en solitario, publicada a través de su propio Bandcamp. Aquel disco tiraba de material registrado hasta 2018. Este recoge piezas creadas a lo largo de casi una década. La diferencia no está tanto en el punto de partida como en lo que hace con él.
Las paletas sonoras de ambos trabajos comparten territorio. Ambient celestial, grabaciones de campo engarzadas con texturas de guitarra, manipulaciones de cinta magnética. Un sonido que evoca las grabaciones de sellos como Kranky Records en los noventa y primeros dos mil, cuando el post-rock todavía era una promesa de futuro. Pero ‘La Proyección’ desborda esas coordenadas.
Aquí hay estructuras más cercanas al formato canción. Un fingerpicking pausado y cristalino que no existía antes con esta claridad. También deconstrucciones de grabaciones de campo más etéreas, atmósferas recogidas que rozan la música de cámara y alucinaciones sonoras que conectan con The Caretaker o Philip Jeck. Todo registrado de manera casual, íntima, casi accidental.
Ese es el punto que hace especial este disco. Lluch captura el momento exacto en que algo nace entre las manos del artista y cobra vida propia. No hay producción ostentosa ni voluntad de impresionar. Hay alguien grabando en su casa, acumulando fragmentos durante años, y después encontrando en ellos algo que merece salir fuera.
Su corpus de grabaciones caseras ha ido ganando presencia y significado hasta convertirse, posiblemente, en su principal actividad como artista. Más allá de sus colaboraciones y participaciones en proyectos como Grande Days o Mirande, este archivo personal es ya el lugar donde su música respira con más libertad.
‘La Proyección’ no pide atención a gritos. La reclama en voz baja, con la certeza de quien sabe que lo que tiene entre manos es real. Y uno, efectivamente, se pone contento. Muy contento.



