H.I.M. y ‘Razorblade Romance’: cuando el gótico volvió a morder las listas de éxitos

Ignacio Reyo rescata en Efe Eme la memoria de H.I.M. y su segundo álbum, ‘Razorblade Romance’, el disco que convirtió a una banda finlandesa en el cruce imposible entre el metal y el pop adolescente de los noventa.

Ville Valo apareció en el canal alemán VIVA cantando «Join me in death» y algo se torció para siempre en la cabeza de miles de adolescentes europeos. Un tipo con pinta de vampiro lascivo, cigarrillo en boca y actitud de James Dean cruzado con los protagonistas de ‘Jóvenes ocultos’. La portada del disco, con ese fondo rosa desafiante, era de las que te hacían comprar un álbum sin escuchar un solo segundo.

‘Razorblade Romance’ se editó primero en Alemania, donde arrasó en ventas. El gótico volvía a latir en las listas de éxito como si del eterno retorno de Nietzsche se tratara. H.I.M., acrónimo de His Infernal Majesty, llegó incluso a cambiar su nombre a HER en Estados Unidos por un conflicto con otro grupo previo. Detalles que hoy suenan a anécdota, pero que entonces formaban parte de una mitología que se construía en tiempo real.

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Ellos citaban a The Mission, Fields of The Nephilim y Black Sabbath entre sus influencias. Eran la renovación de la segunda generación del rock siniestro ochentero, cuando aquellos dos primeros grupos mordían con potencia. Valo escribía sobre amores imposibles, alianzas eternas de pasión, personajes sacados de cualquier novela sobrenatural. Letras que, con la perspectiva del tiempo, se tornan fáciles y fútiles. Pero para un adolescente de entonces eran el sostén de la existencia. El romanticismo entre lecturas de Cernuda y Baudelaire se compaginaba con escuchar a H.I.M., Sisters of Mercy o The Cure.

Su estilo lo bautizaron como love metal. Sobre esa etiqueta y la percepción de su música, Valo lo explicó con lucidez: «Es genial cuando tu música es escuchada por diferentes tipos de personas. De donde yo vengo, no son todos metaleros, hay gente que escucha de todo». Y añadió algo que define a la banda mejor que cualquier reseña: «Estábamos en el lugar incorrecto, pero en la época correcta». Una canción, «Join me in death», se convirtió en un éxito masivo entre el público adolescente, especialmente en Alemania. Verse en portadas de revistas para quinceañeros siendo una banda de hard rock metal era, cuanto menos, impactante.

Había una sombra, eso sí. En directo no funcionaban. El sonido fallaba y la voz operística de Valo se teñía del alquitrán de un hábito brutal: llegó a fumar cuatro cajetillas al día. Su postura en escena era estática. Lo que en disco sonaba grandioso, sobre las tablas perdía fuelle.

En Madrid, mientras tanto, unos cuantos exiliados del sol se juntaban a bailar en el Dark Hole, Heaven o Phobia. Garitos donde lucir tu estampa más apesadumbrada aunque el aquelarre festivo te inundara el cuerpo entero. Ese era el ecosistema natural de H.I.M. en España: noches oscuras, cervezas tibias y una devoción que no necesitaba explicaciones.

Hoy H.I.M. están separados. Valo publicó un disco en solitario que cumple sin revolucionar nada. Pero ‘Razorblade Romance’ sigue ahí, intacto, solemne, esperando que alguien desempolve el traje más elegante del armario y lo ponga a sonar. Si es en compañía de hematófagos, mejor.

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