Cinco años después de ‘Nonante-Cinq’, la artista belga vuelve con una docena de composiciones que elevan su propuesta hacia un electropop más sofisticado, con flirteos con el hyperpop y una colección de melodías difícil de igualar este año.

El silencio de Angèle ha sido largo pero no total. Su aparición en 2024 durante la clausura de los Juegos Olímpicos de París junto a Phoenix y Kavinski cantando ‘Nightcalls’ ya dejaba entrever el viraje. Aquel guiño al “french touch” no era un capricho puntual. Era una declaración de intenciones.
‘Instinct’ lo confirma con creces. Doce canciones. Ninguna de relleno. Una evolución clarísima respecto al europop más plano de su disco anterior, aquí sustituido por una exquisitez electropop que se nota en cada arreglo, en cada decisión de producción.
Los tres adelantos ya publicados bastaban para levantar un disco excelente. ‘Dis-le’ y su beat “jersey club” con una melodía brutal y una coda final de piano y omnichord que desarma. La colaboración con Justice en ‘What You Want’, un pepinazo de electro-glam que bebe descaradamente de la secuencia de acordes de ‘Moi Lolita’. Y ‘Love Triangle’, electrónica oscura con estribillo resplandeciente y una visión nada edulcorada de los triángulos amorosos.
Pero lo mejor es que hay más. ‘Une seule vie’ es un prodigio de pop en cuatro partes: estrofa, pre-estribillo, estribillo y post-estribillo en sucesión melódica gloriosa. Lo que parece un carpe diem de libro termina hundido en dudas existenciales. «¿Tomo la pastilla roja o la azul?», canta Angèle. No hay respuesta fácil. Y ‘F4ck 4ever’, coescrita con Oscar Scheller (el mismo de Charli XCX y Shygirl), es el corte más electro-funk del álbum: melodías de ensueño, ritmo trepidante y esa tensión que recorre todo el disco entre querer amor y querer libertad.
El productor Tristan Salvati repite por tercera vez a los mandos y el salto respecto a trabajos anteriores es evidente. Los detalles hyperpop aparecen salpicados con inteligencia: beats pixelados que ametrallan en los compases finales de ‘On verra’, capas ácidas de sintes discordantes en ‘Love Triangle’. Nunca se convierten en el centro, pero añaden una capa de excitación que antes no estaba.
Los contrastes están muy bien medidos. ‘On verra’ es una balada al piano donde Angèle muestra su faceta de cantante e instrumentista a pelo, con una letra de desafío ante un amor roto. ‘Je sais’ prescinde de beats para dejar volar los arpegiadores en un remolino que envuelve una letra emotiva sobre la relación con su padre. ‘Au revoir’ recupera las arpas sintetizadas del omnichord en una delicia casi indietrónica. Y ‘NYC Blues’ sorprende con sonidos orgánicos —batería, guitarra escueta, un solo de órgano de feria— que remiten al pop más DIY de ‘Brol’, su debut.
Mención aparte para ‘Trop Fort’, con colaboración de Soulwax. Prácticamente rapeada, Angèle descarga una lista interminable de “demasiados”: decepciones, bajones, ex, violaciones sin castigo, acúfenos, homofobia, dolor. Es el momento más crudo del disco y funciona como contrapeso necesario a tanta euforia bailable.
‘Instinct’ quizá no sea el disco más arriesgado del año en lo sonoro. Pero encontrar otro álbum de pop electrónico de 2026 con una colección de melodías tan sobresaliente y una producción tan afinada va a costar mucho. Angèle ha vuelto sabiendo exactamente lo que quería hacer. Y lo ha hecho.



