El festival de Vilagarcía de Arousa celebró su décima edición con un cartel que volvió a reivindicar personalidad propia en un panorama donde muchos programadores copian y pegan los mismos nombres. Carolina Durante, Franz Ferdinand, Triángulo de Amor Bizarro y Shame, entre los que pasaron por un escenario que no entiende de fórmulas seguras.

Nadadora abrió la edición con un concierto que funcionó también como declaración de intenciones. Su regreso a los escenarios no fue un ejercicio de nostalgia. La banda dejó claro que vuelve porque tiene algo que decir, no porque le quede algo que repetir.
Después llegó Triángulo de Amor Bizarro, que a estas alturas acumula tantos festivales que sería noticia verlos fallar. No fallaron. Contundentes, precisos, mezclando canciones nuevas con las de siempre sin que nada chirriase. Consolidación hecha sonido.
Lo de Carolina Durante fue otra cosa. Pogos, coros masivos, una conexión con el público que ya trasciende lo generacional. Entre los asistentes había adolescentes, treintañeros y gente de más edad cantando con la misma intensidad. Incluso la familia de Diego viajó desde Madrid para estar ahí. El mejor momento de su carrera. Y se nota.
Two Door Cinema Club cerró el viernes con un concierto elegante y medido, más de una hora que hizo viajar a buena parte del público a otra etapa de su vida. El remate fue una apoteósica ‘What You Know’.
El sábado exigió resistencia. Sol, temperaturas altas y programación prácticamente ininterrumpida. Alonso, ex Napoleón Solo, arrancó con uno de los proyectos más personales del cartel, alternando canciones conocidas con adelantos aún en construcción. Valentía en estado puro. Nacho Vegas desplegó todo su universo con un concierto intenso y comprometido que culminó en un final compartido junto a Abraham Boba, uno de los momentos más emotivos de toda la edición.
Depresión Sonora, con Marcos Crespo al frente, firmó una actuación impecable respaldada por una banda que multiplica lo que las canciones ya ofrecen en estudio. Hubo hasta un baile improvisado de un asistente que dejó una de las estampas más surrealistas del fin de semana. Los británicos Shame tomaron el relevo y arrasaron. Su post-punk no reinventa nada, pero sobre un escenario todo cobra otra dimensión. Energía desbordante, tensión constante, capacidad casi insultante para arrastrar al público.
Carlos Ares confirmó que ya juega en otra liga. Dos años después de pasar por el escenario secundario del mismo festival, volvió como uno de los grandes nombres del cartel. Conexión absoluta con la gente, acompañado por una banda descomunal. No quedó canción sin corear ni momento sin bailar.
Los Planetas hicieron lo que hacen siempre: un concierto pensado para los suyos. Quien conecta con su universo lo disfrutó con devoción. Quien no, encontró el tramo más exigente del fin de semana. Nadie puede reprocharles falta de personalidad. Franz Ferdinand cerró el sábado sin dejar lugar a la discusión. Los escoceses buscaron complicidad desde el primer minuto, se atrevieron con el gallego y enlazaron un repertorio prácticamente infalible. El paso del tiempo no ha desgastado esas canciones.
Como epílogo, el festival reservó los conciertos gratuitos de Aiko el Grupo y Joe Crepúsculo a la hora del vermú. El trío, con Elena de Shego a la batería, volvió a demostrar por qué es una de las bandas más cañeras del panorama nacional.
Diez ediciones y Atlantic Fest sigue siendo ese festival que no necesita convencer a todo el mundo. Le basta con convencer al público correcto. Ese que sabe que el cartel es una promesa de experiencia, no un catálogo de algoritmo.



