Amor Líquido se desnuda en ‘A ver si me despierto’, un segundo disco que escuece

Amor Líquido publican ‘A ver si me despierto’, su segundo álbum. El trío formado por Sara, Eva y Álvaro abandona las trincheras del punk más combativo para mirarse por dentro, y lo que encuentran no es precisamente bonito.

En 2024 debutaron con la rabia puesta hacia fuera. Contra la industria, contra el desencanto generacional, contra todo lo que merecía que le sacasen los colores. Ahora el objetivo ha cambiado. ‘A ver si me despierto’ apunta hacia adentro. Es una autopsia sentimental dividida en tres actos: reconocerse, perdonarse y sobrevivir a los propios recuerdos.

El disco arranca con «Delante del espejo», un tribunal doméstico donde el cuerpo se convierte en campo de batalla. Las líneas de bajo son gruesas, la confesión directa: «No me sirve que me digas ya pasará mañana». Sin rodeos. Sin consuelos baratos. De ahí se pasa a «Ningún sentido», la crónica de un primer amor fallido que todavía empuja a gritar años después. «Y ahora yo también soy mayor, pero tomaría la misma decisión», canta Sara con esa clase de convicción que solo da haber masticado algo durante mucho tiempo.

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«Guárdame un sitio» es otro de los cortes que pesan. Melodías añiles y reverberadas que funcionan como banda sonora de una separación que no termina de cerrarse. «No borres las fotos, no tires mi ropa, guárdame un sitio en tu recuerdo». Hay algo devastador en pedir que no te borren. En suplicar un hueco en la memoria de alguien que ya se fue.

En el ecuador del álbum la cosa se vuelve todavía más íntima. «Interludio» apuesta por el soliloquio puro. Aparece la autoindulgencia como herramienta de supervivencia: «Creo que me quiero un poco más que antes, pero quiero perdonarme y no sentirme culpable». Y en «Estaba gilipollas» el trío suelta lastre sobre una base de ska distendido y desacomplejado, como si meter un poco de sol fuese la única forma de digerir tanta oscuridad.

La producción de Sergio Pérez marca una diferencia notable respecto al debut. El marco se ensancha. Las canciones respiran, se demoran en sus propios claroscuros sin necesidad de resolver todo en dos minutos. Pero el nervio sigue ahí. La inquina no se ha ido. Simplemente ha aprendido a convivir con la fragilidad.

Y luego está «Su palabra». «Los malos de nuevo han vuelto a ganar, qué tiene que pasar para poder avanzar». Una frase tristemente atemporal que recuerda que Amor Líquido no ha dejado de ser una banda punk por el hecho de hablar de sus heridas. El puño sigue levantado. Solo que ahora también está abierto.

‘A ver si me despierto’ funciona como un disco que contempla el tiempo pasar con una mezcla de fascinación y espanto. Hacerse mayor no implica bajar la voz. A veces implica exactamente lo contrario: dejar de gritar hacia fuera para atreverse a escuchar lo que suena dentro. Y lo que suena, en este caso, duele bastante más que cualquier consigna.

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