‘GARA’, el debut donde Gara Durán reinventa el pop desde la calma

Gara Durán publica su primer disco en largo y lo hace con una certeza que no es habitual en un debut: sabe exactamente qué quiere sonar y cómo quiere que te llegue. ‘GARA’ son doce cortes de pop elegante, sin artificios ni sobreestimulación, que confirman a la cantautora madrileña como una de las voces más firmes del pop nacional.

Es difícil hablar del disco sin empezar por ‘Mi Loco Cowboy’. El tema llegó esta primavera y funcionó como un hechizo. Una de esas canciones que se te meten en el cuerpo antes de que puedas explicar por qué. Pero el álbum no vive solo de ese single. Lo que revela ‘GARA’ al completo es algo más grande: una artista que no necesita excesos para encandilar.

La apertura del disco conecta directamente con el trabajo que Gara hizo en ‘El efímero arte de perdonar’ de Barry B. Aquella melodía reaparece aquí transformada, como una pregunta sobre qué ocurre cuando dejas la sombra del estudio y te acercas al micrófono por tu cuenta. ‘Eterno aterrizaje’ responde bien. Pop limpio, producción medida, letras que no necesitan gritar para decir algo.

¡BIME Bilbao en marcha!Cartel por días y todo lo que pase
🔴 En directo

Donde el disco se vuelve realmente interesante es en los desvíos. ‘Libélul’ deja entrever trazas de Oklou, pero Gara desplaza lo digital hacia algo más terrenal, más táctil. Cierra el tema acercándose a Enya mientras recita «no pude ser testigo del final de mi niñez». No pretende la grandeza de ninguna de sus referencias. Las absorbe y las hace suyas. En ‘Redada’, junto a la guitarra de Elías Maro, aparece un neofolklore reimaginado con sirenas y la sensación de estar «maniatada cuando pienso en el amor». Son canciones que beben del pop de inicios de los 2000 pero no suenan a nostalgia.

Una de las grandes virtudes de ‘GARA’ es cómo coordina sonido y letra. ‘Placer de vivir’, junto a Natalia Lacunza, no empuja hacia la euforia. Busca el goce reposado. Es una canción que florece por sí misma, sin forzar nada. Y luego está ‘Tres estrellas’, recogida, delicada, casi un bálsamo frente a la pérdida. El disco respira porque sabe cuándo subir y cuándo quedarse quieto.

Pero el momento cumbre es el dueto. ‘Una casa en el Teide’, junto a Barry B, funciona como la gran oda de amor generacional. Si los indies de los dos mil tuvieron ‘Allí donde solíamos gritar’, esto es su equivalente para ahora. Solo que aquí no duele. No se sufre. No hay corazones rotos. Gara y Barry B se retroalimentan en un ascenso hacia un amor que se sublima en su sencillez. El disco cierra con ‘Avalancha’, ligeramente más acelerada, y ‘Antes de conocerte (ya te conocía)’, sin perder nunca la diversión por el camino.

Gara Durán está enamorada y ha hecho un disco que suena a eso. A calma. A no necesitar artificios para captar tu atención. ‘GARA’ reivindica la sencillez como forma de entender el pop. No toma muchos riesgos, es cierto, pero hace que todo parezca fácil. Y eso, en un debut, es más difícil de lo que parece. Como un buen perfume que se queda contigo cuando ya no recuerdas habértelo puesto.

La música indie, en tu WhatsAppNoticias, discos y conciertos en el canal de Escena Indie. Gratis y nadie ve tu número.
Unirme al canal

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *