Mar Pujol publica su segundo disco y despeja cualquier duda razonable. ‘D’aquesta aigua no en beuré’ es el paso adelante de una cantautora catalana que ya demostró con ‘Cançons de rebost’ que traía canciones de verdad bajo el brazo.

Si aquel debut derribó la puerta de entrada, este segundo trabajo la cruza con decisión. Nada de tanteos ni de repetir fórmula. Mar Pujol amplía el campo de juego con una voluntad más expansiva, llevando cada canción exactamente al lugar que necesita.
‘Mitja vida’ abre terreno con palabras sinceras, directas. Luego llega ‘Quilòmetres de llum’ y todo cambia de textura. La guitarra acompaña un susurro lleno de ternura, cuatro minutos que describen mejor que nada un universo donde la luz y el agua son protagonistas. Es el momento que mejor retrata de qué va este disco.
El ritmo se acelera con ‘Ullsclucs’. Ahí aparecen las contradicciones vitales, esas que no necesitan explicación cuando tienes cierta edad. El violonchelo de Bruna González pone sal y pimienta, y la voz de Carmen Alciar completa una canción que funciona por capas.
El tramo central del disco reúne a gente que no necesita presentación. La poesía de Anna Tobías en ‘La mà a la mel’. El sello inconfundible de Sílvia Pérez Cruz en ‘He vist l’amor’. El diálogo con una Rita Payés que aquí suena inspiradora. Mar Pujol no se achica ante ninguna de ellas. Se planta y conversa de igual a igual.
El cierre habla de manos, ojos y piel. A veces vacías, otras sin colores. Un discurso limpio, lleno de amor y valentía. La imagen de alguien que huye de enredos y sujeta su verdad con las dos manos.
Lo que define a ‘D’aquesta aigua no en beuré’ es la ausencia de vértigo. No hay garabatos ni incertidumbres. Hay una mirada confiada al entorno y la seguridad de quien no se siente vulnerable. Eso, en un segundo disco, vale más que cualquier producción hinchada o colaboración de relumbrón. Mar Pujol escribe desde la naturalidad y eso se nota en cada canción. Esto, como bien sugiere el propio disco, es solo el principio.


