Víctor Coyote ha fallecido esta mañana a los 67 años. El músico nacido como Víctor María Aparicio Abundancia en Tui, Pontevedra, deja un hueco imposible de medir en la música española y en media docena de disciplinas más.

Decir que era músico es quedarse muy corto. Era compositor, diseñador gráfico, ilustrador, dibujante de cómics, escritor, pintor, director de cine y actor. Un tipo que no cabía en una sola etiqueta porque se las saltaba todas.
Su historia arranca a principios de los 80 con Los Coyotes, el grupo madrileño que formó junto a Fernando Gilabert a la guitarra, Ramón Peñas al contrabajo y Fernando del Valle a la batería. Un combo que mezclaba rock and roll clásico, psychobilly y punk con una energía que no se parecía a nada. Fichan por Grabaciones Accidentales y lanzan Extraño Corte de Pelo en 1982. Al año siguiente llega Ella es tan Extraña, un disco que venía con gafas 3D en la portada. Así funcionaba su cabeza.
Pero fue justo después de ese segundo disco cuando todo cambió. El inquieto Víctor Aparicio empieza a investigar la fusión del swing con la rumba, conectando Nueva Orleans con el Caribe. Ese giro los convirtió en pioneros absolutos del mestizaje en la escena española. Mujer y Sentimiento (1985) hizo explotar esas nuevas sonoridades sin soltar el poso psychobilly y surf que los hacía reconocibles.
Los Coyotes no se quedaron quietos. Las Calientes Noches del Barrio (1987), De Color de Rosa (1988) y Esta Noche me voy a Bailar (1989) muestran a una banda en evolución constante, ya reducida al dúo de Gilabert y Víctor. La aventura se cierra con Puro y Sentimental (1989) y Tocando sus Éxitos (1991), donde confluían músicos latinos, caribeños y gitanos. Una mezcla que entonces no hacía nadie.
El grupo se disuelve en 1992 y Víctor Coyote empieza su carrera en solitario con la misma filosofía de siempre. Como señalaba su sello El Volcán: «Nunca hubo artista que, haciendo confluir influencias musicales tan dispares, haya conseguido una voz tan personal e identificable». Eso lo resumía todo. La incoherencia musical más coherente posible.
En solitario dejó discos que merecen ser revisados. Lo bueno, dentro (1995), grabado entre Madrid y Brasil, incluía «Jaguarundí», la canción que sirvió como sintonía de la Vuelta Ciclista a España. Después vendrían el muy noventero Lucha de migajas (1999), De pueblo y de Río (2014) o Las Comarcales (2020). Cada uno distinto al anterior. Cada uno inconfundiblemente suyo.
Y más allá de la música, las ramificaciones de su talento seguían apareciendo. El libro Cruce de Perras y otros relatos de los ochenta (2026), el cómic-single Si Te Falta Calle, la colección de ilustraciones Días de Alarma hechas durante el confinamiento o la portada que realizó para Diagonal Battiato de Chema Domínguez, un encargo personal para inmortalizar al autor siciliano. No paraba. No sabía parar.
Se ha ido un artista al que no se le puede encajar en ningún cajón. Víctor Coyote llevaba más de cuarenta años demostrando que la curiosidad es el único género que importa.



