Trueno conquista Madrid: de 400 personas en La Riviera a llenar el Movistar Arena

Trueno vuelve hoy al Movistar Arena de Madrid con su cuarto disco bajo el brazo y la certeza de que España se ha convertido en territorio propio. El argentino, que ya llenó el mismo recinto el año pasado con 17.000 personas, lo tiene claro: «España tiene el público más caliente de Europa».

El salto es de los que se miden en vértigo. Trueno recuerda su primer bolo en Madrid, en La Riviera, con 400 personas delante. Ahora repite arena. «Fue una locura y le dije a mi equipo que teníamos que repetir. El de este disco es un show que armamos con la mayor potencia para las arenas», reconoce antes de subirse al escenario madrileño tras pasar por Barcelona y Tenerife.

El cuarto álbum llega con una anécdota que dice más que cualquier nota de prensa. Pity Álvarez le dio el consejo que cambió su manera de producir: «Vos sabés que a esta altura de tu vida solo necesitás un sintetizador, una computadora, unos altavoces buenos y unos altavoces malos. Y los altavoces malos tienen que sonar mejor porque toda la gente del pueblo los escucha en parlantes malos». Trueno lo interiorizó al pie de la letra. Lo que más le preocupa es que su música suene bien en móviles y altavoces normales. Donde la escucha la mayoría.

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Esa conexión con Pity cierra el disco. La colaboración «Pity in the sky» es el último corte del álbum, y Trueno cuenta cómo se gestó con una honestidad que desarma: «Improvisó cosas muy lindas, me habla a mí pero también siento que se habla un poco a sí mismo. Ahí uno destruye un poco el ego y dije: yo aquí sobro. Este es el mejor cierre de disco que hay. No hace falta estribillo, no hace falta nada».

Más público, más presión, más responsabilidad. Le da igual. «Me encanta la vida de un artista: girar y estar preocupado por escribir un próximo disco. Es mi gasolina para la vida. Como ser futbolista e ir a entrenar». Su obsesión no es hacer algo mejor, sino algo distinto. «Mejor es un poco relativo. Siempre estamos tratando de hacer algo que no hicimos. No nos gusta repetirnos». Y cuando se le pregunta si teme quedarse sin cosas que contar, la respuesta es puro sentido común: «Tenés que vivir para escribir. Vivir cosas buenas y malas, no encerrarte y construir una vida en la que estés de tu casa al hotel, del hotel al escenario y del escenario al hotel, porque si no después no tenés nada que decir».

Ganador de múltiples Latin GRAMMY, lo compara con llevarse un Balón de Oro. Y celebra que el rap haya llegado a ese terreno: «Los Latin GRAMMY antes eran para los músicos. Es buenísimo que hoy el rap esté molestando ahí también». Aprovecha para mojarse con la categoría de canción rap del año: «Está nominado Kase O. Ojalá gane él o Lil Supa».

El cierre de la conversación se aleja de la música y aterriza en algo más personal. Lealtad. «Soy una persona que le da todo a su círculo. A veces uno se encuentra con gente que no lo es, y eso te hace valorar más a los amigos que siguen ahí, que no se doblaron». Una frase lo resume todo: «Para mí la lealtad es hasta más importante que el amor porque uno tiene que ser leal hasta con la gente que se lleva mal».

Cuatrocientas personas en La Riviera. Diecisiete mil en el Movistar Arena. Y un tipo que sigue preocupándose de cómo suena su música en un altavoz malo. Ahí está la diferencia.

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