Veintiuno cierra su etapa más ambiciosa donde todo empezó: el Círculo de Bellas Artes

Veintiuno presentó ‘El último baile de delirio y equilibrio’ en la Sala de las Columnas del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el mismo lugar que inspiró la canción que dio origen a todo. El disco, con doce canciones y ocho colaboraciones, salió a la venta el 4 de septiembre en edición especial de doble vinilo.

El pasado 2 de septiembre, la cuarta planta del Círculo se llenó hasta reventar. Fuera, la cola rodeaba el edificio. Dentro, una puesta en escena que iba mucho más allá de la típica presentación promocional. Una llave misteriosa entregada a cada asistente, un photocall con ilustraciones de la banda, un habitáculo para grabar mensajes y una taquilla de instituto que solo una llave podía abrir. Quien lo consiguió encontró un pequeño museo sentimental: chocolatinas, una máscara de Spider-Man, una chaqueta gastada, fotos y frases a rotulador.

El nuevo álbum amplía el material de ‘La balada de delirio y equilibrio’, publicado en abril de 2025, con nuevas composiciones y versiones. Un cierre definitivo de etapa que arrancó con una canción de su debut, ‘Gourmet’. La edición física llega en doble vinilo: un disco rojo y otro azul.

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Lo que convierte este trabajo en algo distinto es su lista de cómplices. Repion, Rufus T. Firefly, Puño Dragón, Grande Amore, Malmö 040, Yarea, DJ Nano y Xas. Veintiuno ha puesto sus canciones en manos de artistas cuyo estilo admiran para ver dónde colisionaban las ideas y cómo se entrelazaban con las suyas. Un ejercicio de generosidad creativa poco habitual.

En directo sonaron desbordantes. El miniescenario colocado en el centro de la Sala de las Columnas provocó lo inevitable: el público se arremolinó alrededor de la banda, tragándose la distancia. Después saltaron al escenario principal, enmarcados por un enorme marco colorido que les daba un empaque visual de banda de estadio. “Troya” desató la euforia. “Cabeza abajo” arañó donde más duele. Víctor, guitarra en mano, recordó entre risas que en aquella misma sala «se emborrachaba Valle-Inclán». Con “Pide un deseo por mí” la sala se quedó sin voz. Cerraron con “La vida moderna”, despidiéndose entre abrazos.

Pero lo que le dio sentido a toda la noche llegó al final. Víctor se acercó a las primeras filas y confesó algo que cambiaba la lectura de todo: la canción que originó estos dos últimos discos nació de un instante vivido en ese mismo edificio. Una persona sacó una foto desde allí. Él la fotografió de vuelta. Ese cruce de objetivos fue la referencia cero. El Círculo de Bellas Artes no era un escenario elegido al azar. Era el punto exacto donde empezó la historia.

También hubo espacio para una exposición con los bocetos e ilustraciones originales de ‘La balada de delirio y equilibrio’. Cada dibujo llevaba un código QR que, al escanearlo, reproducía un audio del propio Víctor explicando la génesis de cada pieza. Un mapa sentimental abierto de par en par.

Hay algo raro en ver a una banda cerrar un ciclo creativo y que todo encaje con esta precisión. El lugar, las canciones, los colaboradores, la puesta en escena. Veintiuno lleva tiempo haciendo las cosas con una intención que va más allá de publicar música y salir de gira. Aquí cada decisión cuenta una parte de la historia. Y esa noche, todos los que estuvieron en la Sala de las Columnas entraron a formar parte del último baile.

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