The Strokes pasarán por el Palau Sant Jordi de Barcelona el próximo 20 de octubre. Mondo Sonoro ha aprovechado la ocasión para dedicarles su sección de retrovisor, ese repaso a tres discos clave de una carrera: el imprescindible, la rareza y la decepción.

El imprescindible no admite discusión. ‘Is This It’ (2001) sigue siendo el disco. El que redefinió el rock de guitarras para toda una generación, el que vendió un millón de copias solo en Estados Unidos y el que metió en nuestras casas los nombres de Julian Casablancas y Albert Hammond Jr.. Guitarras que se entrelazan con una producción de Gordon Raphael deliberadamente seca. Media hora. Clásicos instantáneos como “Last Nite” o “Someday”. Rolling Stone lo colocó como segundo mejor disco de los 2000, solo por detrás de ‘Kid A’ de Radiohead. Nunca volvieron a acercarse a algo así.
La rareza es ‘Comedown Machine’ (2013), su quinto álbum. Incomprendido desde el primer día, y tiene su lógica. Venían de su peor trabajo y decidieron alejarse de todo lo que les había funcionado. Sintetizadores, sonidos cercanos al pop de los ochenta, ganas de experimentar en canciones como “One Way Trigger” o “Call It Fate, Call It Karma”. Las críticas fueron tibias. Con el tiempo, como suele pasar, se convirtió en disco de culto. La revista Clash lo resumió con tres palabras: provocador, extraño y sexy.
Y la decepción lleva por nombre ‘Angles’ (2011). No es un mal disco, pero habían pasado cinco años desde el anterior y las expectativas estaban por las nubes. En ese tiempo los cinco se habían peleado, reconciliado, vuelto a pelear y vuelto a reconciliar. Casablancas y Hammond Jr. andaban más pendientes de sus carreras en solitario. Fabrizio Moretti había montado Little Joy, que le motivaba bastante más. El problema de fondo era demoledor: no tenían canciones, porque Casablancas guardaba las buenas para su propio proyecto.
El método que inventaron para salir del atolladero dice mucho del estado del grupo. Valensi, Hammond Jr. —lidiando además con problemas de adicciones—, Fraiture y Moretti se metían en el estudio a escribir las canciones. Casablancas llegaba después a poner la voz. Eso los acabó de resquebrajar. Canciones como “Under Cover of Darkness” apuntaban al sonido clásico, pero el conjunto suena inconexo. Un disco hecho a retazos por una banda que apenas se aguantaba.
Lo que dibuja este retrovisor es una trayectoria que muchos conocemos pero que conviene mirar de frente. The Strokes arrancaron con un disco que cambió las reglas y después pasaron dos décadas intentando decidir qué querían ser. Que su quinto álbum, el más raro de todos, sea hoy el que mejor ha envejecido junto al primero dice bastante sobre cómo funciona esto.
El 20 de octubre estarán en el Palau Sant Jordi. Quienes vayan sabrán exactamente qué esperar. Y qué no.



