Rayco Pulido adapta en viñetas ‘Verano de Juan el chino’, la novela corta de Claudio de la Torre que rescató del olvido la epidemia de cólera que arrasó Gran Canaria a mediados del siglo XIX y mató a uno de cada cinco habitantes de la isla.

Una carreta recorre calles desiertas bajo un calor insoportable. Un hombre grita que saquen a los muertos. A veces nadie responde. Entonces tiene que entrar él mismo a buscar los cadáveres. Esa imagen abre un cómic que no se anda con rodeos.
Lo que cuenta Pulido ocurrió de verdad. En apenas unos meses, el veinte por ciento de la población de la isla más poblada de Canarias fue aniquilado por una epidemia de cólera de origen incierto. Cordón sanitario, aislamiento total, ricos huyendo a enclaves privilegiados, tumultos, rumores conspirativos, demagogos aprovechando el pánico. Todo eso, siglo y medio antes del COVID-19.
La novela original fue publicada en 1971 y bebía de los artículos del periodista Néstor Álamo. De la Torre usó aquel material para reconstruir una atmósfera apocalíptica que, cuando apareció el libro, ya se había borrado casi por completo de la memoria colectiva. Una plaga real convertida en literatura menor, luego en olvido, ahora en cómic.
El protagonista es Juan. Huérfano, paria, un don nadie. Pero se mantiene sano cuando todo el mundo cae enfermo. Eso lo convierte de golpe en alguien imprescindible. El alcalde lo manda cada día a recoger cadáveres y a comprobar el estado de los enfermos. Un trabajo que nadie quiere y que él asume con un estoicismo que recuerda, como señala la fuente, al de los personajes de ‘La peste’ de Camus.
A lo largo de ese verano tenebroso, Juan verá la muerte de cerca en sus formas más brutales. También conocerá el amor, una muchacha de buena familia a la que le salvará la vida. Se enfrentará a turbas presas del pánico. Se adentrará en el interior de la isla durante una noche de pesadilla para cumplir una petición de la mujer que ama.
Pulido trabaja con un dibujo minimalista en blanco y negro. Pocos diálogos. Nada de textos explicativos ni bocadillos de pensamiento. Es una decisión radical que funciona: el lector queda atrapado en un mundo donde todas las barreras morales se han desmoronado. Solo quedan los vivos y los muertos. Frente a frente.
Lo que hace especial a ‘Saquen sus muertos’ es la capacidad de Pulido para contar una catástrofe sin subrayarla. El orden social se disuelve en cada viñeta sin necesidad de grandes aspavientos. Los individuos hacen cosas atroces con tal de sobrevivir y el cómic no juzga. Muestra. Esa contención, esa economía de recursos, es lo que separa una adaptación lograda de un simple trasvase de formato.
Que la frágil memoria humana haya enterrado este episodio dice tanto como la propia epidemia. Pulido lo desentierra con las herramientas justas y un pulso narrativo que no necesita ni una palabra de más.



