El documental dirigido por Dylan Southern y Will Lovelace llega a los cines el 9 de septiembre con una tesis clara: fueron los fans, no dos hermanos reconciliados, quienes forzaron el regreso de Oasis.

Lo escribe Steven Knight, creador de ‘Peaky Blinders’, y eso se nota en el pulso narrativo. ‘Oasis: Don’t Look Back in Anger’ arranca con un Noel Gallagher completamente noqueado en los primeros minutos del primer concierto de la gira de 2025. Él mismo reconoce que le habría venido bien pedir una pausa, volver al camerino y procesar lo que estaba pasando. A su lado, Liam. Pez en el agua. Creciéndose canción a canción. Se le quiera reconocer o no, fue él quien mantuvo viva la llama del grupo durante todo el paréntesis.
El documental se mueve entre momentos genuinamente emocionantes y otros desternillantes. Los primeros ensayos de la reunión, con cruces de miradas y una tensión que se corta con un cuchillo, tienen una comedia involuntaria difícil de fabricar. Liam, más profesional que nunca según el metraje, sigue siendo el gran animal escénico que siempre fue. Ahí no ha cambiado nada.
Hay guiños que pesan. Liam dedica ‘Live Forever’ en pleno directo a Gary «Mani» Mounfield, de The Stone Roses, fallecido. También aparece el recuerdo de los atentados de Manchester de 2017, cuando ‘Don’t Look Back in Anger’ se convirtió en himno de consuelo colectivo. Son los momentos en los que la película deja de ser un documento sobre una banda y se convierte en algo más grande.
Pero no todo funciona igual de bien. La cinta habla continuamente de reconciliación sin ofrecer apenas datos concretos sobre cómo se produjo. Se nombra a personas relevantes del entorno de la banda sin concederles espacio real. El caso más flagrante es el de Paul «Bonehead» Arthurs, a quien el propio Noel reconoce como el verdadero arquitecto del sonido Oasis. ¿Oímos su versión? No. En su lugar aparece un perro bautizado con su nombre dentro de la historia de una fan. Algo que recuerda demasiado a ‘Spirits in the Forest’ de Depeche Mode, aquella pieza coral donde los seguidores ocupaban el centro.
Y ahí está el problema y la virtud a partes iguales. El público es el protagonista absoluto. Quizá demasiadas escenas de fans mostrando su emoción, contando lo que aquellas canciones significaron en sus vidas. Funciona como argumento de fondo —estadios llenos durante toda la gira de 2025 como prueba de que la reunión ya existía en la calle antes de que ocurriera en un escenario—, pero se vuelve reiterativo cuando ocupa tanto metraje.
La intro que repasa el despegue de la banda resulta algo atropellada. Para quien quiera conocer esa historia en condiciones, el propio documental invita implícitamente a revisitar ‘Supersonic’, de Matt Whitecross, que sigue siendo la referencia.
Lo que más sorprende, con todo, es la complicidad entre los hermanos a lo largo del metraje. Una buena sintonía que, más allá de la nostalgia constante que respira la película, deja entrever un futuro posible para una de las bandas más importantes que ha dado el Reino Unido. Se menciona una próxima gira como reválida.
‘Oasis: Don’t Look Back in Anger’ certifica algo que cualquiera que estuviera atento ya sabía: la gente reunió a Oasis mucho antes de que lo hicieran sus propios protagonistas. Como cantaba Patti Smith, people have the power. Este documental lo demuestra con imágenes. Mañana, en cines.



