Delfín Amaya, cofundador de Los Amaya junto a su hermano José, falleció ayer 18 de agosto en Barcelona. Tenía 74 años.

Nacido en Oviedo en 1952, Delfín se trasladó con su familia a Barcelona, donde a finales de los sesenta formó junto a su hermano José Amaya (La Coruña, 1950) el dúo que cambiaría el sonido de la rumba catalana. Lo que hicieron fue sencillo de explicar y difícil de hacer: meter la guitarra eléctrica donde nadie la había metido antes.
Su debut llegó en 1969 con «Caramelos». Después vinieron «El jala-jala» y «Soy un vagabundo», canciones que fueron abriendo camino hasta su primer elepé en 1971, el fundamental Los Amaya y su combo gitano. Un disco que no necesita apellidos. Quien lo conoce sabe lo que pesa.
Con el paso de los años, Los Amaya fueron dejando atrás el nervio más rítmico de sus inicios para adentrarse en una rumba melódica y sentimental. Ese giro cristalizó en 1977 con «Vete», su canción más recordada y probablemente la que más veces ha sonado en verbenas, coches y balcones de medio país.
Tras años de silencio, los hermanos volvieron en 2013 con Vuelven… Los Amaya!, un disco que funcionó como lo que era: una declaración de que seguían ahí.
La rumba catalana tiene muchos nombres. Peret, Gato Pérez, Las Grecas. Los Amaya forman parte de ese linaje con derecho propio. No inventaron el género, pero lo empujaron hacia un lugar nuevo al enchufar una guitarra y ver qué pasaba. Lo que pasó fue historia.
Delfín Amaya se ha ido a los 74 años en la misma ciudad donde todo empezó. Barcelona le debe más de lo que suele reconocer.



