Aranda del Duero se ha vuelto a volcar con su festival. Cerca de doscientos artistas, diez escenarios repartidos entre plazas, río y recinto ferial, y hasta cinco días de música ininterrumpida para una edición que deja una certeza: lo que empezó como cita indie hace casi tres décadas ya no cabe en ninguna etiqueta.

El formato plural que lleva años cultivando el Sonorama Ribera se ha consolidado del todo. Propuestas urbanas como D. Valentino y La Pili, música en lenguas cooficiales con The Rapants y raíz con Valeria Castro y El Nido conviven sin fricciones. Pero quienes más brillaron fueron los músicos castellanos. No solo La Maravillosa Orquesta del Alcohol o rusowsky como cabezas visibles de la región, ni la sorpresa de Barry B, hijo pródigo de Aranda en la jornada del Trigo. Fueron los nombres pequeños de la tierra —Memocracia, Simulacro, La Regadera, Pirri Román, Nacho Pistacho— los que regalaron algunos de los mejores momentos del festival.
El miércoles arrancó fuerte. Pablopablo, primogénito de Drexler, fue el mayor reclamo para el público joven de la inauguración. Folk filtrado por electrónica intimista y rabia contenida. Desde el primer acorde de “Dónde Estás!” dejó claro que sus estructuras de himno pop funcionan como un golpe directo, con un timbre delicado pero firme.
León Benavente subió después con una mesa de mezclas como protagonista del escenario. Traje, gafas de sol y la versión más sintética y oscura que se les recuerda. Los temas de ‘NUEVA SINFONÍA SOBRE EL CAOS’ pegaron con fuerza, y “Gloria” o “Ser brigada” siguen intactas una década después. Uno de los directos más enérgicos del panorama actual.
Iván Ferreiro cerró la noche tirando de leyenda. Repasó desde Los Piratas hasta hoy, aunque el grueso del repertorio fue de su grupo primigenio. Ocho canciones del set clásico. La sorpresa: ni el mix de “Diecinueve” con “Turnedo” ni “Años 80” fueron lo más emotivo. Lo fue “Te echaré de menos”, guiño a esa nostalgia indie de gallegos como Deluxe, The Homens o los recientemente reunidos Nadadora.
La Pegatina se encargó de la macrofiesta. El pogo más multitudinario de la edición llegó con “Maricarmen”, después de que “Variadito” y “No som d’aquí” fueran calentando la cosa. Un set transversal que funcionó igual para los jóvenes que tachaban a León Benavente de set para padres que para los padres que descartaban el trap experimental de D. Valentino.
El jueves trajo a Ona Mafalda con banda renovada y una voz mucho más ácida que en estudio. Levantó al público a base de interacción constante y los estribillos de ‘Reset’, cerrando con “Nada” y el público en alto. Metió además una versión de “Yo no soy esa” de Mari Trini que conectó con quienes aún no la conocían.
Rigoberta Bandini ofreció uno de los conciertos más emocionantes de la edición. Salió al escenario visiblemente embarazada de su segundo hijo y dedicó la mitad del repertorio a su disco doble ‘Jesucrista Superstar’. El momento clave fue “Amore Amore Amore”: micrófono al público en primera fila para dedicarle alabanzas mientras sus bailarinas repartían chupitos de Ribera del Duero. Sumó las versiones de “El Amor” de Massiel, que ya integró en su repertorio desde los Premios Goya 2025, y “Mayonesa”, con toda la pista siguiendo la coreografía.
El Sonorama no necesita ya justificar qué es. Ni indie, ni macro, ni pueblo. Es Aranda entera convertida en escenario, con sus almuerzos en bodegas, sus catas, su Sonorama Baby y su “Sonorama también se escribe”. Veintinueve ediciones después, el campo amarillo de la Ribera sigue siendo el sitio donde la música española se encuentra consigo misma.



