Corizonas apuestan todo en ‘Órdago’, su disco más reposado y cañí

Cuarto álbum de estudio para la banda liderada por Javier Vielba. Diez canciones, quince años de carretera y una producción que respira donde antes todo saturaba. ‘Órdago’ sale en Subterfuge y suena a vinilo destapado a las tres de la mañana.

Corizonas han dejado atrás el plato combinado. Aquel picoteo de surf y garaje que definió sus primeros discos se ha convertido en un guiso lento, con los ingredientes justos. La producción es limpia, casi quirúrgica, pero con alma de bar de carretera. Los instrumentos tienen aire. Nadie pisa a nadie.

David Krahe y Rubén Marrón a las guitarras. Javier Vacas al bajo. Roberto Lozano “Loza” a la batería. Todos dan un paso atrás para que la voz de Vielba, magnética y polvorienta, ocupe el centro exacto de cada canción.

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–días

El disco arranca con “Una y otra vez”, reivindicando vulnerabilidad frente a la asepsia de los tiempos. “Futuro ahora” mete aristas glam y músculo power pop. “Caramelo envenenado” se hunde en la España negra, donde la copla y la crónica de sucesos comparten mesa. Son tres aperturas que marcan territorio sin pedir permiso.

La cara B trae la sorpresa gorda. Una revisión del “Tú me dejaste de querer” de C. Tangana, nacida casi por accidente como reto para el programa de televisión ‘El año de tu vida’. Lo que empezó como experimento acabó dictando el pulso del álbum entero. Un artefacto rumba-rock-yeyé que huele a descampado, a autos de choque y a rollo kinki. El eco de Los Chunguitos y Las Grecas cruzándose con la crudeza fronteriza de Corizonas.

“Principio y final” nace de un lugar más oscuro. La pérdida de una compañera de oficio. Guitarras en bucle trazando un tiempo circular, como un salvavidas lanzado al vacío. “Tren de largo recorrido” carga a la espalda los quince años de carrera, con amores impuntuales y amigos que se fueron quedando en estaciones anteriores. El cierre llega con “Sangre en el cuchillo”, una murder ballad a la española donde los fantasmas de Juanito Valderrama, Gabinete Caligari y Willy DeVille brindan en el rincón más oscuro del local.

Diez canciones que van del puerto a la carretera. De la copa rota al tatuaje. ‘Órdago’ no es el disco que reinventa a Corizonas, pero sí el que los retrata con más nitidez: una banda que nació para perder y que lleva quince años empeñada en aprender a ganar. La sentencia, como siempre con ellos, se dictará sudando la camisa en directo.

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