Chico Blanco debuta con ‘Amnesia’, un disco de nostalgia inventada entre Ibiza y Berlín

Chico Blanco publica ‘Amnesia’, su primer álbum oficial. El granadino deja atrás las mixtapes y el tech-house para sumergirse en una fantasía dance-pop que suena a recuerdo de algo que nunca ocurrió.

Pablo Cobo llevaba años construyendo un perfil propio entre el humor gamberro de ‘Gominola’ y la oscuridad de ‘Positif Siempre’. Ahora da el salto con un disco largo editado a través de Marea, su propio sello-colectivo. Y lo hace cambiando de registro sin perder el pulso.

El propio Chico Blanco lo explica con una honestidad que desarma: «He romantizado momentos que nunca he vivido como una forma de evasión… quizá porque las infinitas posibilidades del presente resultan casi paralizantes». Esa idea vertebra todo el álbum. No es nostalgia real. Es nostalgia fabricada, casi un espejismo sonoro situado «entre Berlín, una Ibiza imaginada y una sensibilidad mediterránea».

El resultado es un disco cohesivo y centrado, algo raro en un debut. ‘Amnesia’ explora la línea que separa el baile de lo onírico sin caer de ninguno de los dos lados. Las referencias están ahí para quien quiera buscarlas: la época dorada de la discoteca Amnesia, el hedonismo anterior a internet, la banda alemana Software y sus paisajes electrónicos ochenteros, que parecen informar tanto el sonido como el apartado gráfico del álbum.

Las voces impostadas de Locomía asoman en el groove balearic latino de ‘Baila’, con ese «pues baila» sencillo pero autoritario. También en el «la gente está muy loca» de ‘Omaigach’ y, sobre todo, en ‘Gira gira’, salpicada de detalles hyperpop. Pero Chico Blanco tiene un truco que lo distingue: todo suena como un recuerdo lejano y bonito. Nunca como una copia.

El disco roza el vaporwave en su concepto de nostalgia inventada. ‘Feel Me’ arranca con un susurro femenino —«estás escuchando Amnesia»— y despliega ritmos burbujeantes, house de pulso imparable y efectos acuáticos que recrean los 90 sin rendirse a ellos. La atmósfera veraniega y playera resulta inmersiva. ‘Paradis’ se estira hasta seis minutos hipnóticos, mecida por soplos de aire que funcionan casi como un ejercicio de meditación bailable.

La joya es ‘Special Place’. Acordes de piano de inspiración afrocaribeña y la melodía vocal de Regularfantasy convierten el corte en el momento más luminoso del álbum. Pero ‘Amnesia’ no se sostiene solo en sus picos. Chico Blanco hilvana el conjunto con inteligencia: rebaja el ritmo con cortes más chill out como ‘Olvidancing’ —gran título, sí— y enmarca todo con una intro y una outro que primero nos llevan hacia un atardecer precioso y, al final, nos dejan flotando en el mar.

Hay algo valiente en construir un disco entero sobre la idea de añorar lo que nunca existió. Chico Blanco no imita los 90 ni los 80. Los sueña. Y ese matiz lo cambia todo.

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