Tercera vez en la ciudad del Turia y otra vez cartel de agotado. Bodega confirmó el martes en la Sala Loco Club que su fama de directo demoledor no es humo. Aunque no todo fue redondo.

Los de Brooklyn llegaban con la presión de quien ya ha sido señalado como imprescindible. Cientos de “son la hostia” previos, sold-out asegurado y el quién es quién del circuito valenciano plantado en la sala. Ese escenario a veces juega en contra. La sorpresa desaparece y el listón sube solo.
Antes, los mallorquines BAF se encargaron de abrir la noche. Y lo hicieron con ganas de morder. Su propuesta bebe de Bush Tetras, Minutemen o Mission Of Burma, y su frontman convirtió sus movimientos convulsos y el uso del Theremin en un espectáculo en sí mismo. De esos teloneros que le ponen difícil al cabeza de cartel.
Bodega salió como los Knicks antes de un partido: manos unidas en el centro del escenario. Lo que vino después fue un directo intenso, sin pausas y sin bises. La fórmula que llevan afilando disco tras disco. Pero aquí vienen los matices.
El sonido se hizo bola durante buena parte del concierto. Temas bien construidos que no terminaban de sonar con la justicia que merecían. Un problema técnico que lastra cualquier noche, por mucha energía que haya sobre el escenario.
Y luego está lo otro. Nikki Belfiglio es un volcán. Hiperactiva, magnética, situada al frente y en el centro. Imposible quitarle los ojos de encima. El problema es que cuando los quitabas, el resto de la banda transmitía cierta apatía. Incluido Ben Hozie, que en demasiadas ocasiones intentaba robar protagonismo a Nikki sin conseguirlo. Efectivos, sí. Pero lineales.
Dicho esto, los temas son casi infalibles. Abrir con una ráfaga como “Doers”, “GND deity” y “Combustible” deja poco margen al error. A medida que caían “Weather me”, “Territorial call of the female” o “Cultural consumer II”, la sala entera se convirtió en una pista de baile para un público mayoritariamente cincuentón que pegó botes hasta la extenuación. Había que quemar el verano.
El quinteto venía a presentar All Inside Aquarium, su nuevo disco aún no publicado del todo, y los temas nuevos funcionaron. “Pick up the check”, “All inside Aquarium” y la recién anticipada “Literary world” mostraron a una banda que se aleja de su militancia post-punk original para visitar territorio noventero: Ride, Happy Mondays, los primeros Charlatans, Jane’s Addiction. Un giro que les sienta bien y que convive sin fricciones con el material anterior.
¿Fue para tanto? Fue un concierto solvente, generoso con su discografía y capaz de hacer innecesarios los bises porque el clímax llegó de forma natural. Pero la sensación de estar ante algo muy medido, muy guionizado, le resta parte de esa electricidad que se le presupone a una banda de su pedigrí brooklyniano. Bodega funciona. La cuestión es si funcionan por combustión o por inercia. Esta noche, la respuesta quedó en algún punto intermedio.



