Octavo álbum para los noruegos y la sensación de que la fiesta se acabó hace tiempo. ‘Untitled’ llega sin chispa, sin las tonalidades que hacían grandes sus canciones, y con una voluntad de madurez que no les encaja.

Hubo un momento en el que Kakkmaddafakka lo tenían todo a favor en España. ‘Hest’ les abrió las puertas de par en par. Su indie-pop bailable y chispeante conectó con un público que les cogió cariño al instante. Eran simpáticos, algo alocados, y giraban por aquí con regularidad. Eso fue en 2011.
La euforia se fue disipando. Por el camino dejaron discos apetecibles como ‘Six Months Is A Long Time’ o ‘Hus’, pero la inercia ya jugaba en su contra. La indiferencia fue ganando terreno. Y ‘Untitled’ no va a revertir esa tendencia.
El problema es claro. Los escandinavos han querido mostrar una versión madura, más reflexiva, y el resultado es un disco descolorido. Ni les ajusta, ni les favorece, ni encaja con lo que siempre fueron. Han cambiado la intensidad por algo que suena domesticado. Aburrido, incluso.
Solo tres canciones salvan los muebles. «She Wants To Party», con la colaboración de Glambek, mantiene algo del pulso que se les conoce. «Taken» funciona. Y «Birdsong», facilona pero pegadiza, se queda en la cabeza. El resto del álbum pasa sin dejar huella.
Es su octavo disco. Ocho trabajos dan para mucho recorrido, pero también para preguntarse si lo mejor ya quedó atrás. Haber repartido alegría durante años no es poca cosa. Pero en medio de la avalancha de lanzamientos que llegan cada semana, cuesta encontrar un motivo para que Kakkmaddafakka destaquen con un material así.
Queda la duda de si serán capaces de sacudirse esta apatía creativa en su próxima entrega o si ‘Untitled’ confirma que el despunte tenía fecha de caducidad. Lo que está claro es que este disco no es el que necesitaban para volver a importar.



