Ambkor reúne sus cuatro EP en ‘Los Últimos Vivos’: miedo, amor y terapia

Con más de veinte años en el micrófono y más de diez discos publicados, Ambkor lanza «Los Últimos Vivos», un álbum que aglutina los cuatro EP que ha ido publicando entre el año pasado y este, cada uno en una estación diferente: primavera, verano, otoño e invierno.

El título no es casual. Para el rapero catalán, los últimos vivos son «ese reducto de gente que todavía quiere conocerse a sí misma, que está dispuesta a enfrentarse a sus conflictos interiores y a aceptar sus contradicciones». No habla de supervivientes en sentido literal. Habla de gente que elige lo difícil frente al ruido: «La vida va de hacer cosas que muchas veces son más difíciles que entretenerse pero que te hacen crecer y que son buenas para el alma».

La clave de que siga teniendo cosas que contar después de dos décadas es sencilla: vivir y escribir. Sin atajos. «Me expongo constantemente a experiencias y necesito que me pasen cosas para luego tener algo que contar. Eso, sumado a que dos veces por semana me siento a escribir». Nada de esperar a que llegue la inspiración. «Si escribes todos los días sobre cómo te sientes es imposible que no mejores. Es pura práctica».

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Antes de definirse como escritor o poeta, Ambkor se reconoce rapero. El disco que lo cambió todo fue «Solo para adultos» de El Chojin, que un amigo se dejó olvidado en su casa en 2001. «Lo escuché y pensé que ese tío estaba haciendo exactamente lo mismo que hacía yo escribiendo en mis cuadernos, solo que con ritmo». Se enganchó por completo. Del género valora algo que suele pasarse por alto: «Es un género muy cercano que hace sentir que cualquiera pueda hacerlo porque no hace falta ser un virtuoso ni venir de un conservatorio». Aunque también señala lo que falta ahora: «Echo de menos más contenido en muchas canciones. Yo concibo las mías como algo más que para pasar el rato». Y remata con una definición que deja poco margen a la duda: «El rap va de escribir, de un bolígrafo y de una cabeza».

El disco tiene heridas abiertas. En «Vete», Ambkor aborda de forma visceral el miedo que le provocó un ataque de pánico y un trastorno adaptativo que le obligó a dejar su grupo Malafama Squad. «Sentí un miedo profundo a volverme loco, a perder la cabeza. Abandoné el grupo porque necesitaba escribir sobre todo lo que me estaba ocurriendo, sentía que ya no podía hablar de otra cosa». Procesos largos de terapia y medicación. Y una frase que resume años de aprendizaje: «El miedo necesita muy poca energía para crecer».

Sobre el dolor, no se anda con rodeos: «El dolor necesita tiempo y espacio, si no se lo das, vuelve. Dedicar un año a ir a terapia parece mucho, pero tal vez te ayude a cerrar heridas y te ahorre treinta o cuarenta años de sufrimiento». En la canción que da título al álbum rapea una línea que funciona como declaración de principios: «Solo sé que no hay nada detrás del que odia y mucho detrás del que ama». Antes creía que el odio servía como motor. Ya no. «Para odiar no necesitas entender a nadie. Para amar sí».

Y luego está el amor. Ambkor cree que puedes enamorarte varias veces, tener relaciones maravillosas con personas distintas, pero que «ese amor que te sacude por dentro y que lo cambia todo solo aparece una vez, y hay una parte de ti que siempre lo recordará, incluso aunque no haya sido la relación más sana». Veinte años escribiendo sobre lo que duele, lo que asusta y lo que importa. El bolígrafo sigue siendo su trinchera.

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