Clara Peya presenta ‘Nuca’, un disco de dieciséis soledades compartidas

Clara Peya publica ‘Nuca’, un álbum de dieciséis canciones con dieciséis intérpretes distintos que nace de una necesidad concreta: volver a encontrarse en medio del desánimo colectivo.

El disco no estaba pensado como un trabajo colaborativo. Lo acabó siendo por una razón que la propia Peya define como estructural: «Hablar de la soledad obliga a abrirla. La desintegra». De las cuarenta y siete canciones que tenía al terminar el proceso de creación, se quedaron dieciséis. No por eficacia, sino por coherencia de mundo.

Entre las voces que habitan ‘Nuca’ están Niño de Elche, Rita Payés, Judit Neddermann, Xarim Aresté, Mar Pujol, Juan Quintero y Anna Andreu. No funcionan como adornos. Cada una desplaza ligeramente el centro de la escucha.

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El sonido se sostiene sobre un piano de pared con sordina. Todo suena contenido, casi doméstico. La electrónica no aleja al conjunto del minimal. Hay menos capas que en ‘Corsé’ (2023), donde algunas canciones acumulaban hasta sesenta pistas. Aquí todo está más expuesto. Menos «plasticoso», dice Peya.

«Este disco parte de la necesidad de volver a encontrarnos frente a un contexto atravesado por el desánimo, la ruptura de vínculos y la deshumanización del otro». La frase no suena a eslogan. Suena a algo que llevaba tiempo cocinando. Sus discos y sus directos siempre han buscado lo colectivo, igual que su actividad fuera de ellos: el viaje con La Flotilla, la salida de Spotify. Pero ahora la idea atraviesa todo el álbum de principio a fin.

Peya habla también de la escucha como práctica deteriorada. «Si mis canciones las escuchas sueltas no tienen sentido; los discos tienen un orden». Resignificar la música al ritmo de algoritmos y reels le parece un desplazamiento perverso del sentido. La escucha pierde contexto y, con él, profundidad.

Y hay una decisión que va más allá de lo musical. Parar. Solo en 2025 publicó la banda sonora de ‘Wolfgang’ y el disco ‘Solilòquia’. «Ya no quiero apagar fuegos, quiero estar con lo que estoy haciendo, en presente». Las tripas, dice, han tomado decisiones que la cabeza aún no ha formulado. «Es una cosa inteligente que hace mi cuerpo».

Los directos también cambian bajo esa lógica. «Cuando escuchas mucho una canción, se gasta. El directo no puede ser como el disco. Nuestro cerebro busca circuitos, y estos deben refrescarse». Lo dice sin dramatizar, como una observación técnica sobre cómo rehacemos caminos donde algo dolió.

«¿Quién vendría a casa si quisiera un abrazo? Mucha más gente de la que crees». La pregunta no busca respuesta. Busca señalar el desfase entre lo que imaginamos y lo que ocurre cuando abrimos la puerta. «Soy muy valiente. Es muy importante. Tengo tanto miedo que solo puedo ser valiente». Ahí está Clara Peya, resumida en dos frases que se muerden la cola. ‘Nuca’ suena exactamente a eso: a alguien que ha decidido juntarse con otros no porque haya dejado de tener miedo, sino porque ya no le sirve tenerlo sola.

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