El teclista de La Ludwig Band ha compartido una selección personal de música clásica que funciona como autorretrato sonoro. Seis obras que explican de dónde viene el grupo que tomó su nombre de Beethoven.

No es una playlist al uso. Pau Esteve ha convertido una pregunta sencilla —¿cuál es vuestra música clásica favorita?— en una clase magistral sin pretensiones. Lo que sale de ahí es un recorrido que va del barroco al postimpresionismo, pasando por orquestas juveniles en las Terres de l’Ebre, conciertos en Peñíscola y discos escuchados tantas veces que cualquier otra versión ya suena mal.
La lista arranca con la Serenata para cuerdas de Edward Elgar. Esteve la describe apoyándose en las palabras de un antiguo director de orquesta suyo, Diego, que la definió como la pieza para cuerda más bella jamás escrita. El teclista no lo contradice. Recomienda la versión de la Orpheus Chamber Orchestra de 2021 y señala el Larghetto central como el corazón de todo.
De Elgar salta a la Sinfonía 83 de Joseph Haydn. Aquí el relato se vuelve autobiográfico. Las sinfonías de Haydn y Mozart fueron su adolescencia musical, veranos tocando dos o tres obras en una orquesta del sur de las Terres de l’Ebre. Repertorio que era asequible para músicos jóvenes pero que ya contenía toda la madurez necesaria. Elige la 83 por sus detalles prerrománticos y recomienda la integral de la Orquesta Austrohúngara Haydn.
El barroco le costó. Lo reconoce abiertamente: fue el periodo que más escuchó durante mucho tiempo y elegir una sola pieza dolía. Se quedó con el Concerto Grosso Nº 8 de Arcangelo Corelli, famoso por su último movimiento, aunque Esteve defiende la obra entera como una pieza maestra de la retórica musical barroca. Pide que se escuche con instrumentos históricos.
Luego llega el momento más visceral de la selección. El Concierto para violín de Aram Khatxaturian lo descubrió en directo en Peñíscola. Volvió a casa y lo buscó inmediatamente. Habla de una magia hipnótica, de texturas post-tonales mezcladas con armonías caucásicas. Y elige una versión que quizás no sea la más pulida técnicamente, pero que le da algo que otras no tienen: la de la Sinfónica de Extremadura con Ara Malikian al violín, compatriota del compositor, con una garra que encaja como un guante.
Bach aparece con el Concierto para dos violines en Re menor. Esteve lo tocó por primera vez como acompañante con quince años. Ya entonces le impresionó. Sigue impresionándole. Define el primer movimiento como la mejor fuga a cuatro voces de Bach y destaca un refinamiento armónico que considera extraordinario para su época. La versión que recomienda es la de la Academy of Ancient Music de 1997.
El cierre es para Isaac Albéniz y su Suite Española para piano. Esteve aclara algo que mucha gente ignora: Asturias se conoce sobre todo en versión de guitarra, pero la original es para piano. Describe la mezcla de folclore ibérico regional con el postimpresionismo de Albéniz como algo irrepetible. Es de los discos de clásica que más ha escuchado en su vida. Recomienda la versión de Miguel Baselga con una honestidad brutal: la ha escuchado tantas veces que cualquier otra le suena peor.
Lo que Pau Esteve ha hecho aquí no es soltar una lista de obras para quedar bien. Ha abierto el cajón donde guarda las partituras que le formaron, las orquestas de verano, los conciertos que le hicieron volver corriendo a buscar lo que acababa de oír. Seis piezas que explican por qué La Ludwig Band suena como suena. Y por qué se llama como se llama.



