Power Burkas han reaparecido con ‘Amb la fi al davant’, su cuarto álbum de estudio, después de un lustro alejados de todo. Y lo que han traído suena a banda que ha encontrado su forma definitiva.

El cuarteto de Vic formado por Marcel Pujols (bajo y voz), Claudi Dosta (guitarra), Aleix Marbant (guitarra) y Martí Ferrer (batería) lleva años ocupando un lugar extraño en la escena catalana. Grupo de culto que se percibe a sí mismo como modesto, pero cuyo talento a la hora de grabar discos desafía cualquier pose de perfil bajo. “Anar fent no és cap delicte”, cantan en ‘Un estornut’, el corte que abre el álbum. Ir tirando no es ningún delito. Toda una declaración de principios.
Lo que suena en ‘Amb la fi al davant’ es difícil de encajar en una sola etiqueta. Power Burkas son punk por actitud, no por sonido. Hay ecos de Minutemen, de Hüsker Dü, de bandas que ya entendían el punk como algo mucho más ancho que tres acordes y rabia. En ‘Súper vivència’, un bajo inicial que es puro Mike Dirnt abre la puerta a territorio Green Day. En ‘Pont del blanqueig’ pasa algo parecido. Pero luego se van por las ramas. Y ahí es donde la cosa se pone interesante.
Las divagaciones psicodélicas asoman sin avisar. El jazz aparece como un destello. En ‘Rega runa’, ese deje arrastrado y maravillosamente desganado podría llevar la firma de Stephen Malkmus sin que nadie pestañeara. Hay momentos que sitúan al grupo muy cerca de los Meat Puppets, de King Gizzard & the Lizard Wizard o del Pavement más lisérgico. No es que citen a esas bandas: es que comparten con ellas la misma querencia por coger el camino más largo para llegar a casa.
Y luego están las letras. Mientras medio mundo sigue cantando al amor siguiendo el patrón que los Beatles fijaron en los sesenta, Power Burkas eligen otra tradición. La de Quimi Portet. La de Els Surfing Sirles. Sus textos son poesía del desencanto, crónica ácida de lo cotidiano en una sociedad contemporánea que no sale muy bien parada. No hay eslóganes, no hay panfleto. Hay una mirada que observa, describe y deja que el oyente saque sus propias conclusiones.
‘Amb la fi al davant’ funciona como un decálogo de todo lo que hace bien a esta banda. Cinco años de silencio no han oxidado nada. Al contrario: han destilado el sonido hasta dejarlo en su versión más precisa y libre. Un disco que se mueve entre el nervio punk y la exploración sin que ninguna de las dos cosas parezca impostada.
Cuarto álbum. Cuatro músicos de Vic. Cero urgencia por encajar en ningún sitio. Power Burkas no han vuelto para competir con nadie. Han vuelto porque tenían este disco dentro. Y se nota.



