Jordi Matas sale del anonimato con ‘1’, el disco donde su jazz y su pop metafísic se encuentran

Jordi Matas publica ‘Jordi Matas – 1’ con Hidden Track en 2026, un álbum que une sus dos vidas musicales: el jazz barcelonés del que procede y el pop metafísic que él mismo ayudó a construir desde la sombra.

Hay gente que lleva años cambiando el sonido de todo lo que toca sin que nadie le ponga cara. Jordi Matas es uno de esos casos. Guitarrista, productor, mente conceptual. El tipo que ha estado detrás de algunos de los discos más celebrados de Ferran Palau y El Petit de Cal Eril, los dos nombres que todo el mundo asocia al pop metafísic catalán. Lo que no todo el mundo sabe es que ese género, esa etiqueta, tiene un arquitecto. Y es él.

Su lista de colaboraciones habla por sí sola. Mar Pujol, Anna Andreu, Gorka Urbizu, Jorge Drexler, Alizzz. Gente que no se parece entre sí, pero que ha buscado a Matas para que metiera las manos en su música. Eso no es casualidad. Eso es tener un lenguaje propio que funciona en territorios distintos.

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–días

El 1 del título puede despistar. Esto no es un debut. Matas viene del cosmos jazzístico de Barcelona y tiene un pasado discográfico real. En formato trío o quinteto firmó ‘All That Matas’ (FSNT, 2003), ‘Racons’ (FSNT, 2005) y ‘Landscape’ (FSNT, 2008), un directo grabado en la sala Jamboree. También pasó por proyectos como HAT o los siempre reivindicables Seward. Pero aquel Matas y el que ha producido pop metafísic durante la última década parecían personas distintas. Hasta ahora.

‘Jordi Matas – 1’ es exactamente el punto donde esos dos mundos colisionan. Melodías vaporosas, estructuras reducidas a lo esencial, casi minimalistas, pero filtradas por un jazz de aromas mediterráneos. No es ni una cosa ni la otra. Es las dos a la vez. Y funciona.

La referencia que lanza la fuente es golosa: imaginad a Frank Ocean o Mac DeMarco compartiendo proyecto con Toti Soler, Joan Bibiloni o Carles Benavent. Suena a delirio, pero describe bien lo que ocurre aquí. Hay un tema, ‘Tossal’, que directamente coquetea con la bossa nova. Un disco que se mueve entre la melancolía y la luminosidad sin decidirse por ninguna de las dos, y precisamente ahí está su gracia.

Lo que hace especial este álbum no es solo el resultado sonoro. Es lo que representa. Un músico que ha pasado una década entera dando forma al sonido de otros decide por fin juntar todas sus piezas en un solo lugar. El jazz de sus veinte, el pop metafísic de su madurez, las texturas mediterráneas que siempre han estado ahí. Todo cabe en once letras y un número.

‘Jordi Matas – 1’ sale con Hidden Track y tiene algo que no abunda: la calma de quien no necesita demostrar nada porque lleva años demostrándolo en los discos de los demás. Ahora, por fin, lo demuestra en el suyo.

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