Cinco discos en siete años. Ninguno igual al anterior. Fontaines D.C. publican ‘Dopamine Chamber’, su segundo álbum para XL, y lo que entregan es un festival de sonoridades que desafía cualquier etiqueta cómoda.

El truco de los dublineses nunca fue repetir la fórmula de ‘Dogrel’, aquel debut de 2019 que los puso en el mapa del rock alternativo de guitarras. El truco fue negarse a hacerlo. Cada disco desde entonces ha sido un paso hacia otro sitio. Y este quinto trabajo lleva esa lógica hasta sus últimas consecuencias.
El single ‘Marianne’, con sus coros celestiales y su producción casi industrial, podía sugerir que el quinteto se pasaba al bando de los sintetizadores analógicos. Error. Hay sintetizadores, sí. Hay baterías sintéticas. Pero también hay guitarras, cuerdas, acústicas desnudas y un abanico de registros que va del dub al pop más luminoso.
Grian Chatten se mueve entre el barítono de ultratumba y lo puramente melódico como quien cambia de habitación en su propia casa. En ‘Six Shoot Morning’ hipnotiza desde el arranque. En ‘Mimesis’ resucita el espíritu de New Order. En ‘You Miss Me’ combina oscuridad con un estribillo que se te queda pegado tres días.
Hay momentos que descolocan. ‘Tongue’ mete hip-hop y dub en un tema con alma irlandesa y coros de dibujos animados. El dueto con Rosalía, precedido por el preludio de cuerdas de ‘One Man’, es una fantasía romántica con un pie en unos años sesenta que nunca existieron. Y luego está ‘Japan’, la canción más desnuda del lote, una acústica y una voz. La base de todo. Probablemente la ‘Favourite’ de este disco.
Lo que hace especial a esta banda es algo que escasea. En una época donde el revival de trazo grueso se ha convertido en industria, ellos ni siquiera están dispuestos a copiarse a sí mismos. No siguen caminos trillados. No toman atajos. Y cuando se equivocan —que aquí lo hacen muy poco, casi nada— al menos se equivocan hacia delante.
El productor James Ellis Ford se confirma como el cómplice perfecto para este viaje. La producción combina futurismo con un clasicismo atemporal que pocos dominan así. Todo suena enorme y a la vez contenido. El grupo funciona como un engranaje al servicio de las canciones, no del ego.
Fontaines D.C. han encontrado algo que la mayoría de bandas ni siquiera buscan: la capacidad de ampliar su público sin traicionar su instinto. ‘Dopamine Chamber’ es la prueba de que la buena música sigue siendo la mejor cámara de dopamina que existe.


