La Milagrosa huye del piloto automático en ‘Necesito estímulos’, su segundo disco

La Milagrosa publica ‘Necesito estímulos’, un segundo álbum que suena más oscuro, más crudo y más directo que su debut. El combo madrileño ha buscado deliberadamente romper con cualquier inercia y recuperar ese nervio post-punk que les definía en sus orígenes.

Lo dicen ellos mismos sin rodeos: «No queríamos una copia del primer disco ni ser un constante bucle de repetición». Y el resultado les da la razón. ‘Necesito estímulos’ ruge donde antes susurraba. Suena a banda tocando en una sala, no a proyecto de estudio pulido hasta la extenuación. Hay intención, pero no limitación. Esa es la línea que han trazado.

Las letras destilan hastío y desesperanza. No por pose, sino por pertenencia. «Pertenecemos a una generación bastante desencantada y nuestras canciones pueden ser refugio para quienes se sientan identificadas con ellas», explica la banda. Cuando te bombardean con estímulos positivos y negativos, los que calan son siempre los segundos. Eso está en cada canción del disco.

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Pero hay matices. También autocrítica generacional y un hilo de esperanza que atraviesa el álbum. «Hablamos de las cosas de maneras diferentes, haciendo frente a situaciones cotidianas que normalmente no se tocan tanto o que yo no he visto en otras canciones». El disco no se concibió como un concepto cerrado, pero tiene una narrativa que camina desde la primera canción hasta la última. Ellos lo tienen claro: «Es súper generacional y ha llegado en un momento que tiene sentido».

La producción corre a cargo de Alex Headford, una elección muy consciente. Querían a alguien fuera de España, alguien no contaminado por los tics de la escena nacional. Luego Pablo Senator se encargó de la mezcla, logrando ese equilibrio entre lo lo-fi y lo potente, entre lo natural y lo bonito. El resultado suena vivo. Suena a verdad. En una escena que arrastra cierta estandarización, eso vale mucho.

La Milagrosa tuvo además el privilegio de abrir para Fontaines D.C. en cuatro fechas de su gira peninsular. «Las semanas anteriores no sabíamos cómo gestionar aquello internamente», reconocen. Pero conforme avanzaron los días, todo fluyó. Los irlandeses resultaron ser gente cercana y la experiencia fue liberadora.

Hay otro cambio importante en la ecuación. La entrada de Marina a la batería, sustituyendo a la caja de ritmos que usaban antes, supuso un salto evidente. Más energía, más sentimiento, más banda y menos individualidades sueltas. Eso, sumado a muchos conciertos y muchos ensayos, ha convertido a La Milagrosa en un grupo que se entiende sobre el escenario de una forma que antes no tenía.

‘Necesito estímulos’ es un segundo disco que no juega a lo seguro. En un momento donde muchos apuestan por el single como unidad de medida, aquí hay un álbum con peso conjunto, con identidad global y con canciones que han pasado por el filtro de querer sonar más oscuros. Es el disco que más se aleja de todo lo anterior de La Milagrosa. Y probablemente el que mejor les define.

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