Un quinteto veterano de Vitoria-Gasteiz vuelve a la carga con seis canciones originales en castellano que beben directamente de la escena post-hardcore de Washington DC. Nacidos en los noventa, curtidos en parones y cambios de formación, el grupo deja atrás su etapa como banda tributo a Fugazi para facturar un EP con personalidad propia.

La historia de esta banda es la de muchas formaciones que sobreviven a todo menos a la indiferencia. Nunca se han prodigado demasiado ni en directo ni en estudio. Hubo épocas en las que simplemente se dedicaban a tocar temas de Fugazi por pura diversión. Ahora son cinco: cantante, dos guitarras, bajo y batería.
El EP abre con “Revolución”, un tema agresivo y amenazante que no pierde la melodía de vista. El cambio de ritmo en su tramo final es lo mejor que ofrece: cañero y bien colocado. La lucha individual como punto de partida, sin grandilocuencia.
“Armageddon” sigue por territorio similar. Voz rugosa, guitarras que pinchan, sección rítmica contundente. Aquí destaca la pegada del batería, al que sus colegas llaman Destroyer. Un apodo que no parece gratuito.
Con “Antiego” llega el momento más redondo del disco. El vocalista canaliza una desesperación vital que los músicos arropan hasta desembocar en un estribillo muy logrado. Redobles y punteos al servicio del escepticismo. Vacío existencial traducido a posthardcore sin trampas.
“Zombies” cambia el foco hacia fuera. Visión directa de una sociedad alienada, borrega hasta el extremo, poblada por seres humanos que son poco más que carne que camina. No es una metáfora especialmente sutil, pero tampoco pretende serlo.
“Kakato” toma su nombre del japonés: talón. La patada que usa esa parte del cuerpo como superficie de impacto. Destroyer y compañía suenan aquí desatados y compactos. KO de un solo golpe.
El cierre llega con “Huellas”, que tira de nostalgia sin bajar el pistón. Agresividad y melodía en equilibrio, como intento de paliar un desequilibrio social que no necesita demasiada explicación.
Seis temas, todos en castellano, todos con la marca de una banda que ha decidido dejar de ser tributo de nadie. El sonido de Washington DC filtrado por Vitoria-Gasteiz, tres décadas después de que empezara todo. Hay grupos que tardan, pero cuando llegan, llegan pegando.



