El sexteto madrileño-manchego regresó a la sala barcelonesa un año después de su primera visita para presentar su EP ‘Economato Textil’ y dejó una de esas noches que piden repetición.

La VOL celebraba su octavo aniversario con un fin de semana de fiesta propia, los días 4 y 5 de septiembre, y .bd. abrieron la sesión del sábado. Nueve canciones. Fluidez constante. Un romanticismo que no pide permiso.
La sala estaba medio llena, unas cien personas, pero el tamaño del público importó poco. Desde “Nariz Torcida”, la primera canción, quedó claro lo que iba a pasar: seis músicos completamente sumergidos en lo suyo y Marta Fernández al centro, contenida al principio, agrietándose después. Como una capa de hielo que cede despacio. Repetía algo parecido a «esperando a que me llamaras», y cada vez que lo decía abría más la boca, más los ojos, hasta que la expresión se convertía en angustia pura.
Alrededor del epicentro, cada músico habitaba su propio mundo. El saxofonista, erguido y concentrado, tarareaba las melodías en sus pausas. El dúo de guitarras mantenía una conversación propia hecha de choques, coincidencias y riffs que abrían el espectro sonoro del grupo hacia territorios cercanos al post-rock. El bajista, con camiseta ancha y gafas oscuras a lo Thurston Moore, se escondía entre los amplificadores como si nadie pudiera verlo. Y la batería sostenía todo aquello con una solidez que dirigía cada cambio de patrón y compás.
“Ahora Sí”, “Gato Bus”, “Cien y cientos” y “Menagaray” fueron construyendo un repertorio alegre y detallista que jugaba al contraste con la melancolía de las letras. Peso y ligereza a partes iguales. Historias de una juventud atravesada por un romanticismo que no sabe frenarse.
Marta Fernández apenas habló. Alguna pausa para dar un trago a su copa de vino. Elegancia sostenida. Hasta que llegó “Black Midi” y todo saltó por los aires. La canción funciona como un experimento recurrente en los directos de .bd.: la cantante cede el micrófono a otra artista, que cuenta una historia o anécdota sobre una base instrumental que se vuelve estridente y experimental. Esta vez lo empuñó la vocalista de Candace, grupo madrileño. Subió al escenario y empezó a narrar a gritos una vivencia sobre los peligros de la cerveza infinita en una formación de artes escénicas. Malas ideas nacidas en espacios llenos de gente guapa y afectiva. Mientras avanzaba el relato, la música se tensaba, se ensuciaba, funcionaba como banda sonora de cine mudo. Fue el mejor momento de la noche. Con diferencia.
Los últimos temas llegaron quizá demasiado suaves tras aquella sacudida, pero repletos de detalles y hermosura. “Canción de Lucas” cerró un directo que dejó al público queriendo más.
.bd. son reciente fichaje de Humo Internacional y su EP ‘Economato Textil’ salió este año bajo ese sello. Próximamente formarán parte del cartel de La mejor Aventura, el festival curado por Carolina Durante dentro de Antioxidante, que se celebrará a inicios de octubre en Murcia. El grupo sigue creciendo en el circuito underground español y una tercera visita a la VOL ya se siente más como necesidad que como posibilidad.



