Burgore Death Fest VI: death metal de trinchera en la Sala Andén 56 de Burgos

La sexta edición del Burgore Death Fest volvió a Andén 56 con una jornada larga e intensa de death metal, brutal death, grindcore y todo lo que cabe entre medias. La caída de Cytotoxin por problemas de salud de uno de sus miembros obligó a la organización a reaccionar deprisa, y la respuesta fue traer a Cancer como sustitutos. Nada mal para un festival que se monta sin grandes promotoras detrás.

Porque el Burgore es eso. Un festival que se sostiene desde la propia escena, organizado por Rigor Mortis con Nasty Surgeons como motor humano y artístico. Sin ejército de patrocinadores ni nota de prensa llena de palabras huecas. Independencia casi militante. Y ese es exactamente su valor.

Perpetual abrieron la tarde con la parte más ingrata: sala a medio gas y problemas técnicos que hicieron desaparecer las PAs en varios momentos. Aun así, el cuarteto gallego aguantó con entrega total repasando temas como “All Gods Must Die” o “Wings of Decay”. Cumplen veinte años en 2026. En este circuito, eso es una hazaña.

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Con Phrymerial la cosa se puso seria. Los catalanes mezclan brutal death, slam, deathcore técnico y ráfagas casi grindcore con una guitarra llena de riffs cortantes y un universo de ciencia ficción alienígena con mucho humor negro. Desde “Earth Wonderland” hasta “C-137”, pasando por la inevitable “Dickdra”, el acelerador no se levantó ni un segundo.

Undead cambiaron el registro por completo. Death metal de vieja escuela que se acercaba peligrosamente al black metal, corpse paint incluido. Breves, rápidos y sucios. Están presentando su EP This Side of the Grave (2025) y dejaron caer la que le da título y “I’m the Curse”. De lo mejor de toda la jornada.

Después llegaron los anfitriones. Nasty Surgeons juegan en casa cada año y en 2026 celebran además su décimo aniversario. Su death-grind de imaginería quirúrgica gore volvió a desplegarse con sangre, humor negro y títulos que parecen sacados de un informe forense escrito por alguien con serios problemas de sueño: “Diabetic Embryopathy Symptom”, “Open Cadavers”, “Fetal Hunt”, “The Lobotomist”. Si el Burgore tiene un pegamento, son ellos.

Y entonces salieron Cancer. Su incorporación al cartel en tiempo récord podría haberse quedado en parche de emergencia, pero no. Con el hierático John Walker al frente —afincado hace años en España—, desataron el infierno con “Enter the Gates”, “Into the Acid”, “Death Shall Rise”, la muy celebrada “C.F.C. (Cancer Fuck Cancer)” o “Hung, Drawn and Quartered”. Death metal británico clásico, sin florituras, ejecutado con una convicción que no necesita más. Después de varias bandas empujando el género hacia el slam y el grind, Cancer devolvieron cierta solemnidad al Burgore. A veces menos es más.

Los checos Jig-Ai cerraron la jornada como una apisonadora sin freno, el contrapunto perfecto a la sobriedad de Cancer.

Hubo retrasos de hasta cuarenta minutos en algunos momentos. Problemas de sonido al arrancar. El calor propio de la sala y las fechas. Todo lo que forma parte de una cita independiente de este calibre. Nada de eso importó demasiado. El Burgore no compite en la liga de los festivales cómodos. Compite en la de los necesarios.

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