El festival pontevedrés celebró dos jornadas donde convivieron veteranos en estado de gracia, nombres en plena explosión y propuestas gallegas que reclamaron su sitio con autoridad.

Río Verbena volvió a Pontevedra con un cartel construido sobre una idea sencilla: juntar a quienes llevan años en esto con quienes están empezando a construir algo. El resultado fue un fin de semana que funcionó como una fotografía bastante precisa de por dónde respira la escena indie en España ahora mismo.
El viernes arrancó con los coruñeses Apolo18, que en apenas media hora disiparon cualquier duda sobre su encaje en el festival. Setlist bien ejecutado, reacciones positivas y, probablemente, algún seguidor nuevo en la mochila de vuelta a casa. Cora, jugando en casa, desplegó su universo con la novedad de una batería que llevó sus canciones a otro terreno. Hubo temas conocidos, canciones nuevas y emoción real sobre el escenario. Müntrails devolvieron la intensidad con un directo que sorprendió a más de uno: cuesta imaginar que detrás de aquella estética y aquel sonido haya una banda gallega.
Entonces aparecieron Sidonie. Quien los haya visto en los últimos meses sabe que están en modo fiesta, y en Pontevedra lo volvieron a dejar claro. Canciones capaces de activar ese resorte que convierte un concierto en celebración. Pura explosión. Luis Fercán recogió el testigo acompañado de su banda, colocándose en un extremo del escenario con todos los miembros visibles y al mismo nivel. Sus canciones ganaron matices que encajan especialmente bien en un festival.
Pero si hubo un nombre que se llevó buena parte de las miradas fue el de Siloé. Los vallisoletanos están en esa fase dulce en la que cada directo suma. El público se entregó de principio a fin, cantando y bailando. Sarria celebró la penúltima cita de su gira antes de la llegada de nueva música, y La La Love You hicieron exactamente lo que se esperaba de ellos: poner a bailar al público con canciones que ya forman parte del imaginario colectivo. Señora DJ cerró la noche con una selección perfecta para los últimos bailes del día.
El sábado abrió con French Riviera, otra propuesta gallega que reclamó su sitio entre sintetizadores, guitarras, italo-disco y funk. Canciones redondas y todo para hacer bailar si el público decide darles la oportunidad. Yoly Saa, también en casa y creciendo con banda, completó una actuación directa y rápida. Los Acebos, desde Asturias, confirmaron que su directo tiene más fondo del que parece. Carlos Ares volvió a ratificar su momento de forma, y Fito de Siloé apareció sobre el escenario para compartir «Días de Perros».
Sanguijuelas del Guadiana siguen convirtiendo la promesa en realidad. Los extremeños protagonizaron el concierto más multitudinario del segundo escenario. Después del boom del pasado año, cada actuación les suma soltura, potencia y seguridad.
Cerca de las once de la noche llegó el momento que había marcado el cartel desde el principio. Love Of Lesbian aterrizaron en Pontevedra para lo que se presumía como su último concierto en tierras gallegas antes del parón anunciado. No una separación, conviene recordarlo, sino un hasta luego. Repasaron discografía, interactuaron mucho con el público y volvieron a recordar por qué siguen siendo fundamentales en la historia reciente de la música española.
León Benavente salieron después a un escenario que no era fácil de defender tras esa despedida. Pero ahí apareció la profesionalidad. Todo el público bailando y coreando. Abraham Boba y los suyos dejaron la sensación de que este proyecto todavía tiene mucho recorrido por delante. Xoel López cerró la edición con un concierto donde las canciones nuevas convivieron con los grandes éxitos, demostrando una vez más que sabe moverse entre los dos mundos.
Río Verbena no necesitó inventar nada. Le bastó con juntar a las personas adecuadas en el momento justo y dejar que la música hiciera el resto.



