Morreo plantan cara al fin del mundo a golpe de ritmazo en ‘Plato combinado’

El dúo más yeyé de la escena española publica su tercer disco en Mushroom Pillow, y lo que suena es una fiesta con la muerte sentada en primera fila.

‘Plato combinado’ no reinventa a Morreo. No lo pretende. Es ese tercer álbum que consolida un sonido propio, el que dice “esto es lo que somos” sin necesidad de pedir disculpas. Psicodelia, acordes flamencos, canción melódica, los aspavientos de La Casa Azul y un descaro heredado de Susana Estrada. Todo sigue ahí, todo sigue funcionando.

Lo que cambia es el fondo. El disco habla de morirse, de bares que cierran, de abrazar a los tuyos antes de que sea tarde. Joseca Luna Cubero y José Germán Marchena Borrego abren el álbum con ‘Bienvenidos’, una invitación inquietante: «dame tu mano, sígueme hasta la muerte y te juro olvidarás». Y lo cierran con ‘Casa Amigos’, un canto a la amistad que casi suena a refugio antiaéreo emocional.

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Entre medias cabe de todo. ‘Vamos a morir’ es exactamente lo que su título promete. ‘Gracias por su visita’ duele como duele pasar por delante de un local que significó algo y ver la persiana bajada. ‘Locos por el ritmo’ celebra la música como única trinchera posible. La variedad temática es uno de los puntos fuertes del disco.

Que siendo pareja escriban tan pocas canciones de amor dice mucho de ellos. Cuando aparece el romance, viene torcido. ‘Me da la tos’ traza un paralelismo improbable entre amor y tabaco. ‘Soy una bomba’ es una enumeración de armas convertida en canción romántica. ‘Fuerza bruta’ mete un idilio en medio del apocalipsis. Nada convencional. La cadencia flamenca se filtra en estas composiciones y les da un nervio que las separa de cualquier imitador.

El ambiente general es ultra festivo. Eso es lo que hace funcionar el disco: la tensión entre lo que cuenta y cómo lo cuenta. ‘PIM PAM PUM’ acelera hasta recordar a hits de Ricky Martin como ‘Living la Vida Loca’ o ‘She Bangs’. Ese es el nivel de descaro. Vientos sintetizados en ‘Bienvenidos’, guitarras eléctricas en ‘No hagas nada’. Esta última es una canción inesperada sobre los tempos del turbocapitalismo, donde procrastinar ha dejado de ser broma para convertirse en emergencia de salud mental.

Hay algo de secta benigna en la propuesta de Morreo. Ellos mismos lo plantean así, con esa idea de comunidad y refugio que ya sobrevolaba su anterior trabajo. Sus conciertos en clave de sesión discotequera van en la misma dirección: al mal tiempo, ritmazo. Y ‘Plato combinado’ es la banda sonora de esa filosofía.

No hay grandes giros ni sorpresas. Tampoco hacen falta. Lo que Morreo hacen es traer la música del pasado a los temas del presente, y en ese cruce está toda su gracia. Un disco que huele a los 70 pero habla de ahora mismo.

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