El dúo granadino publica su quinto álbum en El Ejército Rojo, el sello donde empezó todo, y entrega trece canciones que consolidan una de las discografías más sólidas del indie español.

Diez años. Cinco discos. Cuatro epes. Ni un solo tropiezo. Hay algo casi obsceno en la regularidad de Apartamentos Acapulco. La banda de Angelina Herrera e Ismael Cámara lleva una década construyendo un catálogo que ya apabulla por volumen y, sobre todo, por consistencia. ‘Todos quieren ser los campeones’ llega para recordar que esa racha no tiene intención de romperse.
El regreso a El Ejército Rojo, su primera casa discográfica, tiene algo de cierre de círculo. Pero quien espere nostalgia se equivoca. Comparar estos trece temas con sus dos primeros álbumes en el mismo sello solo evidencia cuánto han crecido. Power pop, noise, shoegaze, dream pop, pop sesentero: todo cabe aquí y nada sobra.
El disco abre con “5NDND”, un homenaje a Él Mató a un Policía Motorizado que reinterpreta “Nuevos discos, nuevas drogas” desde un lugar completamente distinto, sintético y adictivo. Esa conexión con el pop argentino no es nueva en ellos —ya asomaba en la época de ‘El resto del mundo’ (2019)— pero aquí se profundiza sin complejos. “Solo quiero descansar” insiste en esa vía oscura, con mensajes simples que se repiten mientras la intensidad no para de crecer.
“Fiesta transparente”, uno de los adelantos, funciona como hit inmediato. Pero el disco tiene más capas. “Paracaidistas en la playa” cambia el registro por completo: cajas de ritmos lo-fi, teclados que flotan sobre las voces engarzadas de Herrera y Cámara, una canción de amor que podría llevar la firma de Beach House. Y “BB” es la pieza más descaradamente pop que han firmado nunca. Jangle pop atemporal que engancha al primer acorde.
El tramo central esconde algunas de las mejores canciones del álbum. “La ciencia son palabras” es tan deudora de Los Planetas en lo musical como en lo lírico, capturando emociones enormes con gestos mínimos. “21 versiones” —¿guiño a sus paisanos Lagartija Nick?— mezcla pop luminoso con toques post punk y ecos de Robert Smith. Y “Santos mártires” tiene esa cualidad extraña de sonar familiar desde la primera escucha sin replicar nada concreto. Suena a Apartamentos Acapulco en estado puro.
La recta final no afloja. “Gato” se vuelve atmosférica y densa, con un cierre que remite a los Spiritualized más expansivos. “Lo que no quería oír” despliega su ritmo marcial como el tema shoegaze que todo disco así necesita al final. La nueva versión de “Scarlett”, rescatada de su álbum de debut, funciona como medidor exacto del camino recorrido: más potente, más matizada, más segura. “Siempre es de noche” se hermana con The Cure y Siouxsie, y la miniatura pop “Quien tiene pena no entiende” cierra el álbum con un sonido que tiene más de Donosti que de Granada.
Trece canciones sin relleno. Trece potenciales singles que funcionan solos pero ganan juntos. La apertura de miras es mayor que nunca y el universo sonoro sigue expandiéndose sin perder identidad. Todos quieren ser los campeones, dice el título. Pero Apartamentos Acapulco llevan tiempo siéndolo.



