Luis Álvarez Barrero publica un libro que rastrea con obsesión cada aparición, declaración y huella mediática de Amaia hasta llegar a su actuación en La Revuelta. No es una biografía autorizada, pero funciona como un archivo que algún día agradeceremos tener.

‘Amaia: Plano secuencia’ ya está a la venta y conviene saber qué es antes de saber qué no es. No es una biografía al uso. Tampoco un libro autorizado, aunque según El Diario de Navarra el entorno de Amaia conoce su existencia. Es un monográfico. Un acopio casi enfermizo de material mediático —entrevistas, críticas, apariciones en televisión, revistas, redes sociales, vídeos virales— convertido en relato.
El recorrido empieza mucho antes de OT. Álvarez Barrero desentierra Rock Camp, Lemon y Tal, sus primeros vídeos, el cortometraje ‘Si puedo estar contigo’ y hasta el encuentro con Marisol. Por ahí desfilan Mónica Naranjo, Alfred García, La Bien Querida, La La Love You y alguien tan de nicho como Dianka, con quien Amaia escribió ‘Tocotó’. El libro no discrimina entre lo grande y lo diminuto. Todo suma.
Hay hallazgos que merecen la lectura. La preocupación de la familia cuando entró en OT porque temían que no controlara lo que decía, cuando precisamente esas salidas espontáneas terminaron siendo lo más celebrado de su paso por el programa. La temprana colaboración con La Estrella de David. El proceso con Santiago Motorizado. El intento de Refree de llevarla hacia un sonido a lo Scott Walker. Incluso aquella filtración de un vídeo de estudio antes de su debut que corrieron a borrar.
Los tres discos están, claro. ‘Pero no pasa nada’, ‘Cuando no sé quién soy’ y ‘Si abro los ojos no es real’, aunque el tercero se lleva bastante menos páginas que los otros dos. También la pandemia, los conciertos caseros, los problemas de salud mental, la polémica del libro de Albert Pla, ‘La Mesías’, el anuncio de la DGT y un puñado de episodios que probablemente ya habíamos olvidado. Hay hasta un capítulo entero dedicado a frases ingeniosas suyas que no encajaban en el relato principal.
El orden no es del todo cronológico, probablemente a propósito. A veces da la sensación de que se tarda demasiado en llegar a la creación de los discos y que el debut acapara un espacio desproporcionado. Las referencias a los Beatles que salpican el texto están metidas con gracia y evitan que el libro se quede en una sucesión plana de declaraciones y fechas. Pero el verdadero valor está en la acumulación. Detalles que por separado parecen anecdóticos y que juntos dibujan cómo se ha construido el personaje público de Amaia Romero.
Todo desemboca en La Revuelta. «Tengo un pensamiento», dijo Amaia justo antes de ponerse a cantar. Casi 300 páginas para llegar a esa frase. Es un buen cierre, quizá el único posible. Después de recorrer entrevistas, vídeos e historias grandes y minúsculas, aquella actuación funciona como cumbre lógica del libro. Y, por ahora, como cumbre de la carrera de la vecina de Mendillorri.
No descubre una Amaia desconocida. Eso hay que tenerlo claro antes de abrir la primera página. Pero conserva una cantidad enorme de detalles pequeños que dentro de cinco o diez años, cuando haya más discos y más vida, querremos recuperar. Es un libro al que volveremos. Y eso, tratándose de un monográfico no autorizado sobre una artista en activo, es más de lo que parece.



